miércoles, 27 de noviembre de 2013

I'll never be your beast of burden.






“I’ll never be your Beast of Burden”. ¿Les cuento algo? Las cosas siguen un poco desparejas. Pero, si de algo sirve todo esto, es para que yo lea por segunda vez la Biografía de mi querido y ya cercano amigo, Keith Richards. Y tal vez… todo se trate de eso.

La neta (o realidad) –aquí hay espacio para cualquier tipo de latinismo- es que las opciones pueden ser múltiples. Las razones, unas cuantas. Los días, se pueden contar del uno al siete y cada uno de ellos, emparentarse con algún curioso planeta de esos que orbitan sobre el mismo sistema solar que compartimos, todos juntos, como hermanos. Los viajes se pueden sumar en meses, años. Se podría re-calcular cuántas veces sean necesarias, las suerte del GPS y nada nos llevaría a nada.

Escribir solía ser algo placentero, no algo pasajero. ¿Lo recuerdas Amadeus? Yo te leía con ínfulas y ganas. Las palabras golpeaban. Las teclas se rompían. Los renglones se sumaban y los párrafos quedaban acumulados en montoncitos que algunos llamaban lamento, otros diario y, por qué no, argentinismo.

Hoy estoy en la Argentina, te cuento. Las intenciones son las mismas. Las ganas, son pocas. El destino, ¿o el desatino?  -ya no sé bien cómo llamarlo-  me llevaron a alguna circunstancia un poco ridícula por demás y después de ello, lo mismo de siempre. Amadeus no sabe a dónde ir, Miguel se vuelve loco y se vuelca en una cuesta que sólo apunta al infierno de la bipolaridad. Amigos, droga, amigos, rock, amigos música, alguna mueca… Rock…  Y lo mismo vuelve a repetirse.  Una y otra vez, ¿cuál era esa palabra griega? Ah, sí. Me acuerdo: TAUTOLOGÍA. Que no acepta cambios. Que se repite. Siempre igual.

Podré ser, porque lo soy: un montón de cosas. Algunos días, me despierto con más curiosidad que otros y se me da por leer sobre el Tarot y practicar tirando cartas. Otros, soy un romántico. En los menos, soy feliz sólo por existir. Y allí, el KI de la cuestión. ¿Será que soy Conejo, Mago, Libra,  o una carta del Tarot? Será que soy Amadeus, Miguel, Fausto, Alfalfa, Narigón. ¿será que soy una marca al costado izquierdo de una guitarra que no deja de acompañarme a ninguno de todos los múltiples universos en los que vive Amadeus? ¿Era Amadeus o era Fausto? Ya ni me acuerdo.

No estoy en la completa sanidad. No, jamás. Creo que los días me hacen más y más inestable. Me desligué de todo y todos. Por más de cinco años, anduve viajando sin rumbo y el sin rumbo me llevó al lugar de partida: Buenos Aires. ¿Querés que te diga la verdad? Sos preciosa Buenos Aires. Sos tan celosa. Tan multifacética. Tan única. Tenés tanto Rock. Es, realmente, admirable.
Y yo, sólo quiero ser una estrella de Rock que haga Rock que cante Rock, que respire Rock.

“How Can I Stop”, ¿mi querido Keith? Sólo puedo responderte con un “I’ll never be your beast of burden” pero creo que ya sabés ésa respuesta. Tal vez, sea hora del “Hey you, get off my cloud”. Pero no hay a quién decírselo.

Me gustó mucho lo que hiciste el otro día Amadeus, me olvidé de contarte: estuviste a pleno Rock todo el fin de semana. Con gente que se acercaba a escucharte tocar el Blues. Escuché a varios felicitarte al respecto. Y eso me alegro. ¿Seguimos?

….

Salud viejo amigo.



Amadeus, 

martes, 5 de noviembre de 2013

Sobre la Desesperación




Ay… amigos, ¿cómo les cuento mi rabia? ¿Por dónde empiezo? Tanto rebajarse. Tanto bajarse. ¿Bajarse? Sí. Bajarse. Bajarse de un avión eligiendo una ciudad cualquier… la más austral de ser posible y venir ¿a dónde? A la nada misma.

Quiero culpar a alguien. Pero no puedo. Quiero decir que me arrepiento. Pero no me sale. Quiero decir que tengo orgullo. Pero de ése no me queda. Quiero gritar que el mundo es un lugar fantástico y lleno de esperanzas… Pero no creo en nada. No creo en nadie. No creo en las ciudades. No creo en los países. No creo que pueda yo servir para alguna cosa. Y acá me tienen…

Tengo una bronca que abarca toda la costa del pacífico e incluye el resto del océano. Tengo una cosa tan adentro que no me deja dormir tranquilo.

¿Qué hago? Un ataque de desesperación. ¿A dónde estoy yendo? A la ruina misma, mis queridos amigos. A la ruina mísera del patético personaje que ya nada tiene para ofrecerles. Entendí que mi ejemplo es un ejemplo de esos que mata pasiones. De esos que arruinan amores. De esos que no dejan nada a la imaginación. Soy la indiscutible prueba de que hacer las cosas mal tiene sus consecuencias. De que en realidad, ser un inútil, tiene poca utilidad. Y tal vez, sea hora de ser útil. Pero, ¿qué les digo? Si me quedé sin palabras.

Sin embargo, ¿a qué me aferro hoy? Me han robado hasta la esperanza. Se me acabaron las fuerzas. Se acabó todo. Basta de sueños. Basta de ideas. Basta de gente. Realmente, hoy me gustaría desaparecer.


Amadeus, estoy desesperado. ¿Qué hacemos?

sábado, 12 de octubre de 2013

Otro tonto post rock...



¿Cómo se confiesa la verdad, cuando somos meros protagonistas de un presente simple que se desenvuelve en tiempo? El tiempo, “Si no me lo preguntan, entonces lo sé. Pero sí alguien me lo pregunta, entonces no sé” escribió San Agustín en sus confesiones. Pienso, claro. Como siempre.

Estoy un poco desorientado. Estuve corriendo de lado a lado por mucho tiempo. Y sin dudas que la adaptación va a llevar varios meses más. Pero al fin puedo comenzar a sentir que el presente que vivo es el que, en definitiva,  estaba buscando.

Estoy disfrutando de mi segundo fin de semana. Conforme a una rutina que hace tiempo añoraba. Cada uno de  nosotros podrá elegir de qué lado de la vereda pararse y ninguna estará mal. Algunos optarán por el lado de la seguridad, otros por su contrario. Habrá quienes se moverán de forma más imprecisa  y los que dirán que planear es más conveniente. Los veremos pasar, a algunos: serios y decididos y otros, inconformes y aturdidos. 

Ahí creo encontrar la magia. Se me da por pensar que el presente es lo más digno de lo que nos podríamos fiar; porque no hay quien sea capaz de definirlo tal como es. Ahora vendrán esas típicas preguntas: ¿quiénes somos, qué buscamos, qué queremos?

Yo discuto todo ello solamente con mi alter ego y varias horas al día. Resulta ser una forma constante –y hasta mañosa- de cuestionarme.  Así,  no sé por qué, creo acercarme más a lo que verdaderamente estoy buscando. ¿Qué es? Francamente no lo sé, pero me atrevo a decir que nada menos que mi vida.

Fui -y lo sigo siendo-  un acérrimo defensor de la libertad y del espíritu; aunque entiendo ser muy acelerado e impaciente cuando se trata de tomar decisiones. Sea como fuere  justificaremos pues al estilo, según nuestra cosmopolita forma de entender el mundo, ¿o no?

Ridículo será leerlo  y discutible el motivo, pero yo tengo una idea aproximada de lo que quiero. Y es encontrar aquello que sea mejor y para mí. En su forma más sencilla y de sentido de supervivencia que debe existir en cada uno de nosotros. Y pienso, rápidamente, en la música y esa cosa de la libertad, la multiplicidad, la adaptabilidad… siempre nueva, siempre bella, siempre única, siempre luchando.

Seguiré siendo un incesante caminante,  ridículo, excéntrico y torpe, soñador y bruto, inservible y confianzudo, hablador y exagerado. Porque en  la vida sé es un poco de todo y somos todos, un poco de alguno. Porque la perfección es tan hermosa que más vale defenderla y buscarla que conformarse y entregarse… o quizás sea todo lo contrario. Me gustaría algo que contuviese a las dos posibilidades y allí en éso encontrar el sentido al presente.

… Me da la sensación que éste es otro torpe posteo de rock…

martes, 10 de septiembre de 2013

Caminante que haces camino al andar



¡Uf…! ¡Cuánto tiempo sin escribir! ¿Qué fueron, unas tres semanas? Pasó de todo aquí, en esta región tan austral del mundo. Y las palabras que se siguen sumando. Si tengo que serles enteramente francos, mis queridos lectores (me temo que cada vez quedan menos), pensé en escribir unas cuantas veces.
Uno de los tópicos que más se repetía en mi cabeza –es menester entender que yo pienso cada post con mucho anticipo y evalúo cada uno de sus posibles resultados- era sobre la personalidad en el Rock. Sin embargo, frente a tal tema, se me hacía un poco imposible ser del todo sincero.

Mi personalidad, sufre trastornos de grandeza, entre otros tantos males. Lo que hace a la tarea harto dificultosa, si se trata de ser enteramente ciertos con la verdad. Pero, por suerte, para despeje de muchos y coincidencia de algunos pocos, estuve leyendo mucho.

Estas semanas sirvieron un poco para eso. Dejé, definitivamente, Dubái. Lamentablemente, todo atisbo de esperanza, quedó resumido a cenizas. Ni mi italiana, la que otrora solía acompañarme con palabras dulces, quedó a la espera de alguna noticia mía. Ya no soy quien era. Mi alma quedó opacada y un poco más tosca. No digo sabia, porque lejos estoy de ello. Pero sí, opacada. Chata. Vulgarizada. De una vulgaridad típica de quien necesita ser uno mismo, tal vez. Ahora, no se preocupen. Sigo estudiando el italiano, cada día un poco más. Es una lengua preciosa, llena de conceptos hermosos sobre la Belleza y el Arte del bien.
A todo esto, se le suma la fatídica tarea de ser un ente social. Pero la diferencia aquí, frente a otras alternativas, es que la ruta hacia lo que quiero, se vuelve mucho más accesible frente a otras posibilidades que antes podía plantearme. Me sobran, a Dios gracias, las entrevistas y se me dan las propuestas. Puede que tenga que trabajar un poquitito más de lo que esperaba, pero nada de lo que no esté dispuesto.

Sigo escribiendo en mi diario. Una especie de “journal”  que llevo conmigo a todas partes. En él, anoto cosas de lo más disímiles. Mientras que un día puedo estar escribiendo harto sobre el Rock, puede que al día siguiente, esté escribiendo alguna poesía. Lo que tiene de sencillamente atractivo éste medio frente a los demás, es que es enteramente mío y yo decido si compartirlo o no.

Puede que este post se vuelva redundante. Puede que sólo sirva para alivianar las consciencias que quedaron pasivas frente al insulto sutil de quien no quiere verme más. Puede, incluso, que me sirva más a mí que a esas otras personas. Pero siempre me gustó creer que mis lectores son aquellos que yo bien conozco y que, en alguna inverosímil realidad, hasta quizá sea yo mismo que me releo en algunos años de aquí. O algun alma que en los sueños busca pero no encuentra. O el espejo de Bórges que lee porque es un re-lector de los textos imposibles. O un Cortázar, que escribe sobre lo que no tiene sentido escribir o un Alejandro Dolina que escribe por escribir.

Tengo muchas ganas de escribir sobre “La Personalidad en el Rock”, disertación a la que vengo dándole forma en cada unas de mis mañanas. Si le sirve de consuelo a alguno de mis lectores, a los que prometieron leerme por siempre, la música se ancló en mi vida para nunca más dejarme. ¡Y es fascinante ver qué tal progreso se hace evidente y piel, en cada una de mis horas frente al instrumento! Paso horas viéndola, durmiendo al lado mío... mi guitarra. Sintiendo cada una de sus cuerdas como si fuera mi misma  carne. Escribiendo canciones y haciendo cositas nuevas.


¡Prometo devolverles los tópicos más interesantes, pero para hacer fiel a la promesa que hice sobre este blog, aquí se escribirá un poco de todo, de todo lo que haga falta, de todo lo que sobre, de todo lo que no se deba escribir, de todo lo que tal vez escriba… de todo… Amadeus, de todo!

viernes, 16 de agosto de 2013

Consideraciones del Rock n Roll, Capítulo II.





Llegó el momento de abrirme entero y, ¿quién mejor que Jackie Greene para seguir sobre éste fascinante mundo que es el Rock? Hace algunos días me recibí de libertino y rápidamente, un tremendo peso dejó de azotarme. Aquí no voy a descargar culpas, porque lo que tengo para decir es poéticamente inspirado y sutilmente inducido. ¡Hablamos del Rock n Roll, señoras y señores! Ármense de valor.

“sometimes we drink whisky, sometimes we drink wine but as long as we’re drinking we are doin’ just fine!”

¡Qué curioso cómo el rock aquí se expresa en el vértice preciso de la liberación y con qué atino!  Hoy leía un poco de El Banquete de Platón, nombre que en realidad, no es del todo acertado. El comentarista y traductor de mi versión del Banquete sostiene que el nombre apropiado y griego para éste diálogo es Symposyo. Esto se debe a que lo que se cuenta es lo que ocurre después de la cena, continuando con lo que, en aquel entonces, era costumbre hacer en una celebración.

El Symposyo consistía, específicamente, al momento donde se empezaba a beber vino. Primero se hacían las libaciones correspondientes a Zeus, Apolo y calculo yo, Baco y luego se decidía cuánto se bebería y sobre qué tópico se discutiría.

Ahora bien, la bebida en la civilización griega, está constantemente presente. A su vez, ellos como sociedad son los autores de funciones tan elementales y humanas como puede ser el motivo del brindis; que se inspiró en la desconfianza pero se afianzó en la amistad.  Tal vez, no sea preciso recordar aquí pero uno de los dioses más importante fue Baco que era, ni más ni menos, el dios del vino. El que traía a las musas, estimo yo.

Con esto, no quiero más que adelantarme a mi conclusión, por demás, sabida sobre la relación que arrastra el Rock n Roll con la bebida. Sin intenciones de hacer una apología sobre el alcohol, creo que la práctica se puede extender hacia las infusiones y bebidas en general. Y me recuerda, un poco más, a las filosofías antiguas de origen asiático que tan desarrollado tienen el tema del té. Lo que sí es deducible  es que la bebida cuando se hace en compañía puede ser un excelente momento de cambios, emociones y velocidad.

Hay gente que disfruta de Tom Waits tomando vino. Yo soy uno de ellos. Y a la vez, qué culpable me siento al admitir que también puedo disfrutar con tal elemental placer, tomar Jack Daniels con los Rolling Stones o Cerveza con el tango. Siempre existirá una versión romántica del desamor y el rock, del rock y el trago. Del trago y la Reflexión. De la reflexión y la Compañía. De la compañía a la soledad.

Vivimos en un mundo de opuestos, en donde lo más básico se registra en arquetipos, con eso, inventamos funciones de excelencia y somos críticos con aquel a quién demandamos nada más ni nada menos que la perfección. Sin embargo, en la música, esa paradoja arquetípica se derrumba y lo que queda es la expresión misma de la libertad. Por suerte, la música, necesita de la compañía porque estaría engañando a mí y a ustedes, si no les dijera que cada instrumento tiene alma y que por lo tanto, a la hora de tocar están presentes el espíritu de quien ejecuta y el alma de lo ejecutado.

Celebremos pues, en esta oda dionisíaca y festejemos entonces que, a veces,  lo intrascendente trae consigo la trascendencia de no ser nada más que puro presente.

¡Salud!


Amadeus,   

domingo, 11 de agosto de 2013

Sobre lo que es la Quietud y lo que es el Movimiento





¡Hoy es domingo, día fijado para que yo escriba! ¡Sí, claro que sí! Estuve pensando toda esta mañana, o tal vez, todos estos días libres que anduve teniendo últimamente, pensé sobre la constante tarea que arrastra ser alguien. ¿Curioso, no? Algunos hacemos todo tipo de vericuetos para llamarle la atención al mundo y buscar, dentro de esas paredes finamente construidas para generar “destinos”, algún tipo de significado interior que nos dé la esperanza de haber vivido gozosamente.

Hace algunos días leí un titular sobre un supuesto estudio científico que aseguraba que (sic) “… una vida de significado vale más que una vida de felicidad”. Pienso que pueden tener muchísima razón. Para empezar, no creo que la felicidad sea algo a lo que la humanidad deba aspirar, ¡ojo no me tomen por pesimista y déjenme brindarle las razones correspondientes! Creo que la felicidad tiene lo vulgar que arrastra todo aquello que es efímero, mientras que el significado se interpone ante cualquier emoción. ¿En definitiva, qué somos más que bípedos con la tarea de razonar sobre qué queremos en la vida?

Fue una semana complicada. Exceso de sustancias varias y una búsqueda personal sobre el valor de las cosas y la vida. Un poco de lo típico pero con todo lo demás que uno arrastra. Me da mucha gracia ver cómo todo aquello que no fue resuelto antes, vuelve hoy a ocuparme la cabeza. ¿O tal vez fue ayer? Bueno no importa tanto tampoco. Pero sí es cierto que nos movemos de forma esférica y siempre con la vista en un objetivo fijo. ¡La vida es movimiento, dijo Aristóteles! Por lo que, siguiendo su esquema típicamente deductivo, la quietud es felicidad.
Fui a ver a un pseudo psicólogo  esta semana. Alguien que por cierto, me ayudó muchísimo en un día de muchísima intensidad. Me dijo que tenía la tara de buscar la felicidad en la perfección y con el aval de otras personas. A lo que disgustado respondí que la perfección era algo que peresguía obsesivamente. Me insistió en esto de escuchar  a mi corazón, que siempre fue muy intuitivo y a su vez, me sugirió que cuando las cosas se pongan muy feas, buscara calmarme con algo que me distraiga y no tanto con ello con lo que constantemente me entretengo, a saber : la música, los vicios, pensar sobre cosas inútiles, etc.

Me habló con un tremendo carisma y después de su sesión, de la que podría dar detalles durante varias horas, alguien me llamó por teléfono. Alguien que, aquí en Chile, ya se ha ganado el título de amigo, pese a que es mucho mayor que yo. Me hablo fríamente, como lo haría alguien que sólo busca hablar con el corazón. Me dijo, Amadeus, quien te ama de verdad te sigue hasta el fin del mundo y aquel que no, pues bueno, será que sólo tiene que ser un lindo recuerdo.

Fue un golpe duro, sobre todo, porque dicho comentario fue acompañado de un pésimo clima de frío polar y una muy mala ubicación tiempo-espacial. Sin embargo, ¿qué se puede decir? Me acuerdo sobre los principios éticos del yoga y como  soltar es parte del principio de la No Violencia.

Yo vivo de la Fantasía, pese a que Schopenhauer insiste en que una pésima idea dado que lo que pueda resultar de cada una de nuestras fantasías, no es ni remotamente cerca de lo que son los hechos reales.  Por ello, decidí dejar de fantasear un poco sobre algunas cosas: El Amor Perfecto, las Amistades Perfectas, ser una Estrella de Rock n Roll.  No obstante, en cambio, me propuse la más viva acción. Ser parte de algo y moverme en pos de todo aquello que bsuco. Siguiendo el razonamiento lógico aristotélico.

Fue muy frustrante ver como el pasado trata de llamar la atención utilizando medios tan mezquinos. No es la primera vez, igual.  Hoy entiendo que la distancia es un elemento difícil de controlar por más tecnología que haya. Lo que más me molesta, sin embargo, es el egoísmo del que fui, somos y seremos parte. En definitiva, cada uno tiene su propia esfera y un poco de sus propias metas. Yo tengo una guitarra. Tengo algún que otro amigo que por suerte, me quiere muchísimo y tengo el don de convertir a la gente y ponerla en mi favor.

¡La actitud no está en quedarse quieto, sino en moverse! La felicidad no está en alguien, está en algo. La vida no se pasa sentado, sino corriendo. Las ideas no son más que maquetas de lo que es acto. Yo, no soy nada más que alguien que escribe un domingo a la tarde porque considera que escribir de tarde es un buen ejercicio.

¡Salud por lo efímero del momento y lo divertido e intrigante del presente!


sábado, 27 de julio de 2013

Consideraciones sobre el Rock, capítulo uno.



Me levanté temprano hoy. Día sábado, sol y perfecto. Hoy, pensé, voy a dedicarme a escuchar Rock  -todo-el-santo-día.  Suelo ser una persona recurrente. Tengo mis anotaciones permanentes sobre reflexiones varias, en mi cuadernito que llevo conmigo a todas esas partes que están ahí afuera. Me nace sincerarme con esto que algunos llaman espíritu de vez en cuando. 

Hoy quise sincerarme con el Rock. Me levanté, como bien dije, temprano en este hermoso día de sábado. Hice las libaciones correspondientes al dios de la inspiración y salí a que las calles me tomaran. Quería, un poco, perderme en la ciudad, entre la gente, entre el caos. ¿Acaso el rock no es eso, el talante de un caos que se desenvuelve de forma melódica y con extraordinaria simpleza? ¡Quería experimentar el rock en toda su bondad! Libre de definiciones. 

Sobre la marcha de mi caminata, vi árboles, montañas cubiertas de nieve,  edificios que están tan viejos que se caen a pedazos,  paredes pintadas de azul, gente andando en bicicleta o saltando en skeat que le dicen. Vi parejas tomadas de las manos. Vi familias enteras devorando el día con esa misma ínfula con la que tal vez sentí que debí hacerlo yo esta mismísima mañana. Por supuesto, la diferencia entre la familia y yo era -o es- nula pero, mientras ellos improvisaban, yo tenía un tracklist rockero preparado para que hiciera de todo este teatro, una coordinada escena.

Las canciones se fueron sucediendo como se da en la secuencia lógica en la que se devienen todas las cosas, una tras otra y ¡el rock! ¡El rock… seguía ahí! Automáticamente las palabras rockeras: ¡Toro y pampa!  Las condescendencias que brinda el rock. Ese espíritu individual de ser libre en el completo sentido de la libertad. Libre de obstrucciones. Libre de ataduras ficticias que jamás existieron. Libre de ser enteramente responsable de nuestras propias almas. Anoté en mi cuaderno, frente a esta ínfula de origen rockero que aparentemente, crecía en mí: “El rock es la responsabilidad de ser uno mismo”.

No sé qué tan atinada será toda esta cuestión, ¿Y en realidad, a quién le importa? Pero observé, hoy en la ciudad, como cada uno lucha por ese derecho a ser individuo. Ese derecho que tanto nos duele, nos pesa; que nos hace sentir toda esa tremenda responsabilidad como si hubiera un hueco difícil de llenar. ¿Dónde están los significados y todo el significante que representa ser individuo? Vi gente que siente tanta lástima de sí misma que no hace más que querer dar lástima a los demás. Tanta gente que quiere ser querida y sólo quiere dar. Tanta gente luchando, por individualidades que se contraen y que nunca discrepan entre sí, no en esencia al menos.  Porque somos una lucha de egos que nacen, se reproducen y mueren. 

¡PERO QUE NO ME MIENTAN!

 ¿Cuándo ven a ese otro ser con la remera típica de AC/DC y lo ves caminando hacia vos, no te nace sonreir? ¿Por qué? ¡O como cuando vemos a esos héroes tomando Jack Daniels, solos, en una barra! El amor por las rutas, el amor por viajar por tener algo que contar, por tener amigos. El rock, supera cualquier otra elemental circunstancia que quiera proporcionar algún veredicto final sobre cómo hay que vivir. Y despoja todos esos enigmas insulsos sobre lo que está bien y lo que está mal. Porque con el rock, la responsabilidad de ser rockero viene antes que cualquier otra cosa.

Por eso el Rock, no defrauda a las masas, "son las compañías discográficas" (en todo caso). Por eso el rock, no niega amigos, los suma. Por eso el Rock, se mueve en motos o en camiones, lo que sea más ligero pero lo que nos mueva al fin. Por eso el Rock, le canta a la muerte, porque a veces está siempre presente. Por eso el Rock, es fiel y se mantiene estático porque los principios inquebrantables en los que se constituyó no fue en la música (si bien ahí se nota perfectamente el estado de éxtasis al que se puede llegar), si no en ése ideal tan importante como efímero que involucra: ¡Rockear!

Así pues, rockeros del mundo, hoy les dejo una vez más  una consideración sobre el Rock. Porque siento que nos llenamos la boca hablando de cosas que no tienen sentido y quería ser yo también, uno más de el montón hablando sobre cosas tan infinitamente absurdas como todas las demás.

¡A vos amigo, fiel estima siempre presente!

Amadeus,


*Nota al margen, fuera del texto original: Porque en definitiva, siempre hablando del rock, ese derecho a ser nosotros mismos, nos lo merecemos por el simple hecho de  estar vivos.