sábado, 27 de julio de 2013

Consideraciones sobre el Rock, capítulo uno.



Me levanté temprano hoy. Día sábado, sol y perfecto. Hoy, pensé, voy a dedicarme a escuchar Rock  -todo-el-santo-día.  Suelo ser una persona recurrente. Tengo mis anotaciones permanentes sobre reflexiones varias, en mi cuadernito que llevo conmigo a todas esas partes que están ahí afuera. Me nace sincerarme con esto que algunos llaman espíritu de vez en cuando. 

Hoy quise sincerarme con el Rock. Me levanté, como bien dije, temprano en este hermoso día de sábado. Hice las libaciones correspondientes al dios de la inspiración y salí a que las calles me tomaran. Quería, un poco, perderme en la ciudad, entre la gente, entre el caos. ¿Acaso el rock no es eso, el talante de un caos que se desenvuelve de forma melódica y con extraordinaria simpleza? ¡Quería experimentar el rock en toda su bondad! Libre de definiciones. 

Sobre la marcha de mi caminata, vi árboles, montañas cubiertas de nieve,  edificios que están tan viejos que se caen a pedazos,  paredes pintadas de azul, gente andando en bicicleta o saltando en skeat que le dicen. Vi parejas tomadas de las manos. Vi familias enteras devorando el día con esa misma ínfula con la que tal vez sentí que debí hacerlo yo esta mismísima mañana. Por supuesto, la diferencia entre la familia y yo era -o es- nula pero, mientras ellos improvisaban, yo tenía un tracklist rockero preparado para que hiciera de todo este teatro, una coordinada escena.

Las canciones se fueron sucediendo como se da en la secuencia lógica en la que se devienen todas las cosas, una tras otra y ¡el rock! ¡El rock… seguía ahí! Automáticamente las palabras rockeras: ¡Toro y pampa!  Las condescendencias que brinda el rock. Ese espíritu individual de ser libre en el completo sentido de la libertad. Libre de obstrucciones. Libre de ataduras ficticias que jamás existieron. Libre de ser enteramente responsable de nuestras propias almas. Anoté en mi cuaderno, frente a esta ínfula de origen rockero que aparentemente, crecía en mí: “El rock es la responsabilidad de ser uno mismo”.

No sé qué tan atinada será toda esta cuestión, ¿Y en realidad, a quién le importa? Pero observé, hoy en la ciudad, como cada uno lucha por ese derecho a ser individuo. Ese derecho que tanto nos duele, nos pesa; que nos hace sentir toda esa tremenda responsabilidad como si hubiera un hueco difícil de llenar. ¿Dónde están los significados y todo el significante que representa ser individuo? Vi gente que siente tanta lástima de sí misma que no hace más que querer dar lástima a los demás. Tanta gente que quiere ser querida y sólo quiere dar. Tanta gente luchando, por individualidades que se contraen y que nunca discrepan entre sí, no en esencia al menos.  Porque somos una lucha de egos que nacen, se reproducen y mueren. 

¡PERO QUE NO ME MIENTAN!

 ¿Cuándo ven a ese otro ser con la remera típica de AC/DC y lo ves caminando hacia vos, no te nace sonreir? ¿Por qué? ¡O como cuando vemos a esos héroes tomando Jack Daniels, solos, en una barra! El amor por las rutas, el amor por viajar por tener algo que contar, por tener amigos. El rock, supera cualquier otra elemental circunstancia que quiera proporcionar algún veredicto final sobre cómo hay que vivir. Y despoja todos esos enigmas insulsos sobre lo que está bien y lo que está mal. Porque con el rock, la responsabilidad de ser rockero viene antes que cualquier otra cosa.

Por eso el Rock, no defrauda a las masas, "son las compañías discográficas" (en todo caso). Por eso el rock, no niega amigos, los suma. Por eso el Rock, se mueve en motos o en camiones, lo que sea más ligero pero lo que nos mueva al fin. Por eso el Rock, le canta a la muerte, porque a veces está siempre presente. Por eso el Rock, es fiel y se mantiene estático porque los principios inquebrantables en los que se constituyó no fue en la música (si bien ahí se nota perfectamente el estado de éxtasis al que se puede llegar), si no en ése ideal tan importante como efímero que involucra: ¡Rockear!

Así pues, rockeros del mundo, hoy les dejo una vez más  una consideración sobre el Rock. Porque siento que nos llenamos la boca hablando de cosas que no tienen sentido y quería ser yo también, uno más de el montón hablando sobre cosas tan infinitamente absurdas como todas las demás.

¡A vos amigo, fiel estima siempre presente!

Amadeus,


*Nota al margen, fuera del texto original: Porque en definitiva, siempre hablando del rock, ese derecho a ser nosotros mismos, nos lo merecemos por el simple hecho de  estar vivos.

miércoles, 10 de julio de 2013

Soy un Egoísta.



Soy un egoísta: y tengo que admitirlo de una buena vez. Esta carga de ser tan yo, me pesa un poco. Y hoy, frente a todos y todas, tengo que ser enteramente franco y abrirme. Al principio, yo creía que el egoísmo era algo que sólo se leía en los libros de Dostoievski o en las buenas historias de Cortazar. Sin embargo, yo soy el peor de todos. Lo dije antes y lo digo ahora: soy un monstruo.
A la tarde, después de unos días de ya estar en Chile, decidí que era conveniente salir un poco. Las cuerdas de mi guitarra están bastante gastadas y, dado que me robaron esos hermosos encordados que compré en Estados Unidos para que, una vez abandonado Dubái, pudiera cambiarlos al llegar a BAires; tuve que considerar la idea de que, tal vez, era necesario comprar cuerdas. Me tomé mi tiempo.

Pensé para mis adentros: “Amadeus, si haces esto ahora, es el fin. No vas a salir más del cuarto y lo sabés”. Pero no lo pude resistir y busqué en internet una casa de Música. Fui a tres y en ninguna de las tres tenían las cuerdas que yo quería. Casi desisto y voy a una cuarta hasta que comprendí que el instrumento, por suerte, se adapta a mí y no al revés. Tuve que comprar otras. Pero toda esta lucha de cuerdas me hizo reflexionar hondamente sobre mi situación actual. Tal vez, porque ésta salida que recién comenté, vino acompañada de una pregunta por parte de unas de mis amigas: “¿Saliste ya a conocer?”. Claro, respondí,un poco...Pero ahora, "la verdad" si es que quieren saberla: no. No recorrí nada. ¿Y quieren saber por qué, fieles lectores de las cartas de Amadeus? PORQUE NO ME INTERESA. ¡Y he lo ahí, mi egoísmo y yo!

Solía pensar, por qué no creer, que el Amor venía envasado en un cuerpo de mujer al que uno decidía querer y éste era ideal y perfecto. Ya estoy viejo para esos pormenores y ni siquiera me interesa tal idea del amor pictórico y romántico. Me interesa y me desespera sólo, saber si le puedo cambiar las cuerdas a mi guitarra. ¡Y otra cosa que me vuelve loco es saber que no traje mi mandolina aquí conmigo!
 
Soy un monstruo. Soy un altanero andante que va de ciudad en ciudad buscando una guitarra. Buscando un poco de música. Perdí todo interés en ser mejor, en conocer mejor en sentir mejor. Sólo quiero estudiar música y seguir, de a poquito, con esta evolución personal que una vez tomé como lucha y hoy defiendo como estilo de vida. Soy tan necio que ni si quiera voy a clases ¡y lo bien que me harían! No. Pero a mí, no me interesa.

Me gustaba pensar en los sueños y en las metas. ¡En las idas y vueltas! En los caminos que toma la vida y los coloquios universales que nos dan los espacios fieles de desarrollo y evolución. Me pregunto:¿de qué sirve todo esto? ¿De qué? Si ya no tengo nada de eso. No tengo sueños. Puede que tenga metas, pero definitivamente no son sueños. ¿Tengo ganas de vivir en otro lugar? Si. ¿Tengo ganas de viajar? Si. ¿Tengo ganas de hacer música? Si. Pero, precisamente, es lo que vengo haciendo desde los últimos años, ¿verdad? Entonces, Tom Waits no es tan repetitivo como uno piensa y está bien que él silbe y yo cante. Porque en definitiva él usa saco y fuma cigarrillo y a mí me gusta vestir con sombrero.

Yo veo las horas que se esconden en mi ventana y un montón de palabras de mujer me suenan en los oídos. Pero soy egoísta y no puedo esconder esa nauseabunda idea de que sólo quiero ser yo y morir con una guitarra o, por lo menos, algún instrumento que se le parezca. Mi héroe es Keith Richards, y creo que a estas alturas, superó mi pasión por Napoleón.

¿Entonces? ¿En dónde quedan los planes de vida y las ganas de seguir adelante? Otra vez, lamento defraudarlos amigos míos, queridos lectores, ¡apasionados del Rock! Pero la ruta no se terminará aquí y puede que en ningún otro lado. Sólo existe un lugar que me es preciado en el corazón y ese lugar es Buenos Aires. Pero lamentablemente, como lo dijo alguien que hoy no me acuerdo: a Buenos Aires sólo se la puede extrañar cuando se está lejos, porque si no, se la odia. Y a mí me gusta extrañarla.

¡Adiós Buenos Aires! Bienvenido a Latinoamérica.

Amadeus,  

viernes, 21 de junio de 2013

¡En defensa del Rock!


 

 
Ay… cuando escribir se vuelve aburrido. ¿Quieren un secreto? Tengo varias teclas del teclado gastadas de lo fuerte que las golpeo y, una de ellas, está completamente suelta del “slot” que le corresponde. Curiosamente, es la coma. ¿Qué informal y satírico es esto del destino, verdad?

Yo siempre creí, porque soy de esos que tiene que creer en algo, que los meses de cambio eran febrero y diciembre. Y, sin embargo, hoy me toma por sorpresa esto de que en junio me esté yendo y quizás que en julio empiece algo y, tal vez, que pronto me vuelva indenpendiente; y finalmente, que me convertiré en Rockero y seré millones.

 

Que aburrido que soy escribiendo. Siempre hablando de las mismas cosas: cambios, cambios, cambios, letras, letras, letras, palabras, palabras, Plotino, Plotino. ¿Quieren saber la verdad, amantes de la sabiduría universal? Si Plotino hoy estuviera vivo, sería una estrella de Rock cantándole al inconformismo mismo del sinsentido que es el mundo y la guerra contra el Monsanto.  Tuve debates intensos en estos días, con varios de mis amigos. Lamentablemente, a raíz de la distancia, los tuve que hacer “online”. A uno de ellos le confesé:  (SIC) “… nosotros somos los culpables de que Justin Bieber esté sonando en todas las radios”. Mi amigo, frenéticamente, me respondió: “ya no quedan buenos músicos, ahora son todos muy conformistas”. Y yo finalmente, repliqué: “No, siempre fue lo mismo”.

 

Yo tengo un anillo en el dedo anular de mi mano derecha, es negro. Una vez me preguntaron en la pileta del edificio en donde me quedaré sólo hasta el próximo jueves: ¿Ese anillo significa algo? Le contesté: Sí. Que entrego mi vida al Rock N Roll. Y quedó finalizada la conversación. Negro, la ausencia de Color, no la suma de todos los colores, infeliz. (A él se lo digo que quiso hacerse el sapiente).

 

¡Qué ridícula mi afirmación! ¡Entregarle la vida al Rock! Bueno amigos, sólo hubo dos cosas que nunca me han defraudo: Una buena canción y una botella de Whisky. La música siempre estuvo cargada de Rockeros. El error está en querer poner al Rock como un género musical cuando, en realidad, es una actitud frente a la vida. ¡Si, es una actitud! ¿O creen que Mozart con los Divertimentos buscaba gustarle a la gente? No, claro que no. ¡Él fue un Rockero! Chopin también. Siempre buscando más y más en las imbricadas redes de la música. ¡La música, la más excelsa de todas las Artes! El himno de la Alegría que compuso Beethoven, incluso cuando ya estaba sordo con un coro de más de sesenta personas. ¡Eso es Rock!

Y después los hubo, en las nuevas generaciones. Los 50' arrancaron polleras.  Y todos creyeron ver una década en decadencia cuando llegaron los 60’. El fin de una Era y el Principio del Fin. Los fanáticos religiosos se subieron las medias, los padres les gritaron a sus hijos, las empresas compraron patentes, el mundo se redistribuyó y las estrellas pasaron a estar más cerca del planeta tierra. La tele se hizo popular y nació MTV. La gente gustó de la Música, los padres les gritaban más a sus hijos. Llegaron las sustancias más pesadas. MTV se hizo más grande. Los Beatles se separaron. Lo matan a Lennon, llega Michael Jackson, se inventan personajes como Madonna, se mueren las bandas glam, nace el “movimiento Seattle”, R.E.M, Pearl Jam, Nirvana: la mentira musical más grande de la historia… O como a mí me gusta llamarla: la banda más MTV de la historia. Justin Bieber: Fin.

 

Ahora, díganme,  post breve resumen: ¿de quién es la culpa? ¡Qué tan aburridas son mis palabras! Yo estoy escuchando a Gram Parsons que, seguramente, es más desconocido de lo que yo creo que es. ¿Alguien googleara una canción de él? No. ¿Por qué no? Porque hemos arruinado el gusto. ¡Qué triste, porque todos cantamos, aunque sea alguna vez una de sus más canciones más conocidas! Me llaman idealista, me llaman soñador: “You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one”. Claro que no, mi querido John. Yo sigo aquí y hasta que no me fusilen por defender mis ideales, frente a las puertas de un teatro en donde espero brindar mi concierto al público expectante; hasta entonces digo, no descansaré en defender los ideales del Rock N’ Roll. La libertad, el placer, el crecimiento espiritual. Abajo esa ridícula idea del egoísmo y el monopolio del gusto. ¡Abajo discográficas asesinas que intentaron censurar a Dylan, a Lennon, a Cash! ¡Abajo, monstruos con atuendos bonitos que se hacen llamar músicos! ¡Adiós a la música sin sentimiento! BASTA DE JUSTIN BIEBER.

 

Yo seguiré siendo un montón de cositas. En entre ellas, un eremita falaz que busca en la Música, una espiritualidad y que encausa como Razón de Ser, los principios fundacionales del Rock N’ Roll. Cada día un poco más solo. Cada día un poco más loco. Cada día con una barba más blanca. Ese soy yo y ése seré. Hay gente que seguirá sin escuchar a Gram Parsons y dirán que saben de música. Hay gente que elogiará a Gram Parsons y dirán: ¡Aguante Nashville! Los menos, haremos una reverencia en honor a Gram Parsons y aunque no consumamos heroína, sí brindaremos con un vaso de Jack Daniels en la distancia.
 
¡Salud!
 
Amadeus,

domingo, 19 de mayo de 2013

Sobre Roma.... O el Amor.




¡Ah, el delicado momento y el supremo instante en donde la pluma y los dedos toman consciencia de sí mismos! ¡Eso es lo que pasa a todos los que pretendemos escribir! Hoy voy a ir un poco más allá. Voy a osar llamarme escritor porque, en definitiva, es lo que vengo haciendo desde que tengo uso de razón. Escribiendo o bien,  en las formas de la poesía o en las formas de la prosa. Siempre adelante. Siempre buscando el instante supremo del delicado momento que supone escribir ése algo que rogamos perdure para siempre. ¡Ah… la magnífica obra de la literatura, o la literatura hecha obra!

Como a las teclas de un piano, el escritor debe buscar esa simpleza, aquella sutileza que sólo las palabras les pueden dar. Una vez me definí como un “histérico” de las palabras. Aunque la palabra Histerya sea netamente de origen femenino, aunque con ello no quiero generar ninguna alusión a nada en particular. Pero qué libertad, qué dulce el gozo el de poder escribir. El compañero más fiel. Es la síntesis del momento articulado en la moraleja que supone entender y vivir del presente.

Siempre ahí, esperando, esperando. Deseando, construyendo, armando, desarticulando. Generando nuevas formas, nuevos pensamientos. Contaminando el mundo, el ozono, con cuanta idea se nos cruza. Y el paciente pathos de quien espera constantemente por el articulado verso. Por el agradable momento. Por el supremo instante en donde el Amor se torna auto–revelante se nos hace ¡por fin! presentes.

Yo no sé si tengo algún lector por allí, cuando yo despilfarro letras como lo vengo haciendo hasta ahora…  siempre la misma pregunta, ¿habrá alguien leyendo ésta pieza? Puede que sí. Puede que no. Es la pregunta anti-sonante que se tiene que preguntar cualquier escritor. Porque en definitiva, escribimos para alguien. Una vez acusé a alguien de interpretarme y ¡qué ridícula mi afirmación! Pero claro, son las palabras. Estate sujeto a la interpretación. Hoy creo que las palabras son mejor escritas que dichas. No me gusta tanto la oralidad. ¡Pero qué placer el presente! ¿Verdad?

La oralidad y su inmensurable espontaneidad. El ridículo afán de decir nuestros pensamientos transmutados a la Lengua. Dicen que la Bliblia se escribió a través de la Inspiración  Divina que como   Lengua de Fuego, dictaba en divina inspiración, a los respectivos apóstoles y “escritores” que compusieron el gran Biblyos. Y también estaban los exégetas, encargados de compilar y leer. ¡Miren todo lo que hace a la lectura! Y yo preguntándome si hay alguien leyendo esto. ¡Pero claro! Yo mismo leo mis palabras aquí, golpeando el teclado, escuchando a Chopin que –según tengo entendido- golpeaba él también las teclas, aunque él escribía con diferentes palabras. La Lengua, ese motor universal, transmisor de conocimiento. ¡Soy un obsesivo de las letras, de las palabras! Por eso me asustan las interpretaciones. Porque aprendí a dudar de todo aquel que interpreta. Hay que hilar desde lo más finos: “Domina las fuentes y entenderás a Plotino” me dijo una vez, un Maestro que tuve.  Dominar las fuentes. No interpretarlas. Dominarlas. ¡Y qué difícil se nos hace no hacer uno y si lo otro en simultaneo!

Pero vuelve el placer de las letras, vuelve el placer del presente. Vuelve la búsqueda inconstante de la libertad. En todo tipo de lenguaje. Sobre todo, en el lenguaje del Amor. La más universal y perfecta de todas las Lenguas. Hay quienes todavía no me creen que existe. Otros sostienen que no lo es todo. ¿Cómo decir que no es todo? ¿Cuál fue la enseñanza que nos dio Jesucristo por encima de cualquier otra cosa –y aquí no entran trivialidades del estilo soy o no creyente porque mismo podría haber dicho el Buda- acaso no fue: “Ámense los unos a los otros”?  Ya sabíamos la Ley. Ya existía la Ley, no hacía falta recordar eso para el Hijo de la Tierra. Hacía falta recordar el Amor que, claramente, no se tenía tan en cuenta.

¿Y quiénes de todos nosotros lo tienen en cuenta? A mí me gusta jugar el juego del Amor. Me resigno a creer que - son/somos/serán - todos iguales. No, ni de un sexo ni del otro. Claro. Hablamos del Caos. De lo que cotidianamente se llama Presente.

El Presente, esa inasible sensación del Tiempo que transcurre en simultáneo con el devenir de los Hechos. Y las Moras que nos cortan los hilos del destino. Quien teje, quien hila y quien corta. ¿Dónde están esas tres brujas que nos limitan la vida y marcan nuestro fin?

Yo vivo de ensoñaciones. Me acusó una vez mi padre de ello, dejando Buenos Aires, hablando por teléfono desde un aeropuerto, en Ezeiza, Argentina.  Sentí que un millón de emociones pasaban por adentro de mi corazón. Una millonada de sensaciones que traían intrínsecamente el peligro del Caos inmediato.  En uno de los bares que hay, cercano a las mangas de embarque, escribí una canción llamado: La Música de la Libertad.

Me es imposible dejar de creer que existe la Libertad como virtud mayor en la vida y que, dicha Virtud, sólo se consigue a través del Amor más puro. El Amor al Arte, (¿coincidencia esto de que ambas empiecen con ‘a’?), el amor a los Amigos “Pues nada vale más que dar la vida por los amigos” Ev. Según San Juan.  El Amor a la Familia. El Amor a la pareja.  El Amor es el vehículo universal de todas las cosas y tendemos a confundirnos en algunos aspectos. A veces creemos que es menester tener otras cosas previas al Amor.  Pero no nos confundamos. Sólo el Amor nos puede realmente completar, movilizar, darnos esa preciosa  Libertad.

Me niego a Creer que el Amor perfecto no existe. Me niego a Creer que no existen Historias Universales enlazadas en el Verdadero Amor. Me niego a  pensar que hay almo más importante que el Amor. Me niego.
Es por ello que voy a luchar y seguiré luchando en pos del Amor. Por una Roma Perfecta…. como dijo mi profesora de Latín “¿Acaso creen que es casualidad que Roma y Amor sean una misma palabra?

sábado, 11 de mayo de 2013

Te escribo, ¿me escribis?




Escribo, ¿te escribo? Desde la rabia. De aquel que ya sabe cuál es y será el desenlace funesto de no terminar las cosas bien. ¿Por qué las cosas se terminan? ¿Qué sentimos? ¿Cómo es que pensamos? Te escribo, ¿escribo? Porque “hacerme el malo” pasó de moda y, al final del día, sólo quedan una guitarra apoyada en la cama y el recuerdo del por qué ahora te odio tanto. ¿Te odio?

Escribo, ¿te escribo? Porque lo único que siento es que nunca fui bueno para vos. Nunca. Y así lo siento, la funesta competencia de tener que ser alguien ¿Y dónde queda el feliz desagrado de no ser nadie? En las reminiscencias de lo que fuimos. Escribo, ¿te escribo? Porque no sé qué hacer y las horas se hacen larguísimas.

Todo los medios de comunicación quedaron obsoletos y resuena de lejos aquel: “Amadeus, Amadeus, ¿Y ahora cómo te contacto?” Escribo, ¿te escribo? Porque una vez más, la solución es resolución y ninguno de los finales me gusta. ¿Es que estamos nerviosos por lo que estamos pasando? Es que, en realidad, teníamos que terminar...

Escribo, ¿te escribo? Y me acuerdo de todas las veces que en mi vida se terminaron las cosas y no lo puedo tolerar. El alma me quema, los dedos están cansados y es tanta la infelicidad que ni con cerveza la puedo tapar. Escribo, ¿te escribo? Porque es tanta mi frustración que saltar ahora mismo por la ventana me daría exactamente igual.

Escribo, ¿te escribo? Porque ni si quiera hoy, un día después de nuestra última foto juntos, puedo encontrarnos en algún lugar, en algún sitio. Y yo que no me quiero borrar nunca lo linda que estabas la última vez que te vi. Y, sin embargo, sé bien que pronto voy a tener que hacerlo porque no hay forma de que nos volvamos a reconocer.

¿Por qué? Por el orgullo, por la ignorancia. ¿Por qué? Por ser como somos. ¿Por qué? Porque todavía se oye el eco de que nunca deberíamos haber estado juntos porque el final era enteramente predecible.


Escribo, ¿te escribo?... Mejor escribime.


Amadeus, 

lunes, 29 de abril de 2013

La canción de Amadeus,






Amadeus, Amadeus ¡cuántas ganas de soñar que tenés hoy! ¡Amadeus, Amadeus ¿Qué os pasa que te noto tan contrariado?! Amadeus, Amadeus… tú y aquellas ínfulas del Arte cruel… Amadeus, Amadeus…

Qué patética aquella voz que viene de adentro, con el espanto de creerme ya completamente perdido. ¿En qué estoy adivinando yo, ese futuro desgarrador, cruel y sin fundamentos? ¡Qué nueva terapia nos encontrará en suerte, a la hora de hacerme el místico y escribir sólo en la primera persona!

Basta ya de todas esas cosas del plural. Me vuelvo rudimentario cuando se trata de escribir y re-escribo sobre la base de lo ya dicho: maldigo la primera persona del plural que me ataca constantemente a la hora de escribir. ¿Y por qué habría de utilizarla si a fin de cuentas he me sólo aquí, escribiendo cualquier cosa, sólo por la necesidad de escribir?

No, ya no tengo mentores, lectores, amigos que me acompañen. No hoy. Me despedí hasta de los más íntegros para quedarme en la más absurda de las situaciones. Busco y repaso en mi memoria cada una de las acciones que me obligaron a éste patético episodio en el que me encuentro hoy. Éste estado de incompleta desesperación, de lo impredecible que me ata y desata: que me arma y desarma.

Lacónica la expresión de soledad y todo su entendimiento. Complejo el mecanismos y las fuerzas de la voluntad. ¿A dónde quiero llegar con todo esta nueva búsqueda? ¿Adónde iré a parar si es que tengo por menester parar? ¿De quién más tendré que separarme para seguir con esta desventaja que aproxima a la insensatez?

Me gusta creer que en el mundo hay héroes aún que luchan por Amor. Me refiero a la causa primera, motor de todas las cosas. Acción indiscutiblemente buena. Del estilo que se aproxima a lo que entendía la vieja filosofía griega, forjadora de miradas exóticas y cabezas distinguidas: esa idea romántica de que lo verdaderamente bueno es Bello en sí mismo. ¿Y cómo no habría de ser así? Sí es que está hecho con el elemento primero, sustancia engendradora de vida, acción que remite a todas las acciones. Momento de todos los momentos. Significado de todos los significados. Hablo de la sustancia misma del Bien mayor: el Amor. El verdadero Amor. Esos héroes, que sé, luchan día a día para este mundo mejor, este mundo que buscamos todos y entre todos (aunque algunos se pierdan de a ratos), sé que me están juzgando. “Tú, inútil –les oigo decir- ¿qué haces para que todo esto cambie?”. “Vos… el bueno para nada dejad las mortajas de tu imbecilidad y salí a defender lo que Justo: lo que es en sí mismo bueno. El Amor, el verdadero”.

Sonará ridículo, hasta inverosímil. Y yo que tan solo me quedé, sólo por la ridícula acción egoísta y ególatra de elegirme a mí, como primera persona. A mí. ¿Qué hice yo para merecerme tanto aprecio? No, no es suficiente con recaer en el error constante, además de ello, tengo que hacer heroicas sandeces,  para reafirmar el Absurdo.

¿Quién soy yo? ¿Por qué siento y sufro de esta manera? ¿De qué me escondo? ¿Por qué me paso tantos días encerrados? ¿Por qué La Música de la Libertad no me libera? ¿De qué tengo miedo? ¿Y por qué tengo tanto miedo?

¿Será que este es el grito desesperado… la inconclusa respuesta del insignificante modelo de anti-vida que hará no más de un año emprendí en esta desolada parte del cuarto, en éste rinconcito desde donde ahora escribo?

Ya me perdí completamente. Y esta no es la apología humanitaria, ni la solución de lo incomprensible. Aquí se está sujeto a interpretaciones, a lo absurdo, a lo significante y su significado. Aquí los autores se juzgan, los sujetos ejecutan y las novelas se cuentan. Aquí, en mi corazón, negro, corrompido, triste y hostil… aquí ésta alma enferma grita desesperada. Pero trato de que sea al menos, por adentro, cosa de que el grito quede atado al orgullo interno. Ese ridículo orgullo que una vez le insistí a alguien  que ya no lo tenía.

Hoy quiero respuestas concretas sin siquiera, hacer las preguntas adecuadas. Hoy estoy desesperado. Asustado y confundido.


Hoy, Amadeus, estás triste.

domingo, 14 de abril de 2013

HOY GRITÉ BASTA.




Suena Ein Deutsches Requiem y me recuerda, inmediatamente, a esas noches en mi casa en donde con el violoncello, me entregaba a la más sublime de todas las artes: el arte de ser puro y libre. El Arte de la Música.  ¡Ah!.. los recuerdos de libertad. ¡Requiem! ¡Brhams! Éste psicótico e intrépido compositor, autor de los más hermosos tercetos de cuerdas.

Hoy pues, con el inconfundible Requiem, con la auténtica melodía del ser y la perfección es que grito a viva voz: BASTA. Se me acabaron las ganas de todo esto. Se me acabó la penosa tarea de ser un agente inmediato de la necesidad económica, vil y pueril, anti-revolución. Se me fueron las ganas de perder la libertad de mis pasos, la salud de mi cuerpo, las horas de sueño.  Me harté de mis ratos de ocio, de la imposible capacidad de movimiento. Del aislamiento innecesario. De la inhumana entrega a un oficio que por demás, poco deja al títere y mucho al titiritero.

Me cansé del desolado pronóstico de La Europa, La América y El Occidente. Me cansé de la idiota idea de que sin bancos y sin celulares, no se puede vivir. Me harté del errado concepto de libertad que a diario practicamos.

Heme aquí, con una suerte de apología que dejará mucho que desear porque son más de dos jornadas seguidas que paso sin poder dormir más que unas pocas horas. ¿Y todo por qué? Para que al final del día, mi música no salga como se debe, mis palabras no se digan como corresponde y mi cerebro no funcione como debería.

En mis años terrestres, leer, hacer deporte, conocer gente, respirar aire puro, eran menester y necesidad. Hoy, a duras penas puedo yo, salir sin sentirme agobiado. Con dificultad leo las páginas de un Crimen y Un Castigo que pareciera estar escrito para mí. Con tremendo tedio practico deporte y casi nunca, nunca, estoy con la gente que más quisiera.

El vínculo humano se convirtió aquí, en inhumano. Y lo que antes nos hacía hombres, hoy nos hace necios. Ya no maldigo como injustamente hice antes,los motivos religiosos, los agentes psico-activos propios del entorno o cualquier otra  bonita y filosófica explicación. Ayer entendí que esto se debe puramente porque a la gente le gusta vivir así. ¡Así es! ¡Es el estilo ilimitado de la estupidez organizada! Del género más vano. De la repugnancia más pueril. Del sin sentido más perfecto.

Hoy dejo todo. Hoy se acabó. Hoy me levanté gritando: BASTA.