domingo, 19 de mayo de 2013

Sobre Roma.... O el Amor.




¡Ah, el delicado momento y el supremo instante en donde la pluma y los dedos toman consciencia de sí mismos! ¡Eso es lo que pasa a todos los que pretendemos escribir! Hoy voy a ir un poco más allá. Voy a osar llamarme escritor porque, en definitiva, es lo que vengo haciendo desde que tengo uso de razón. Escribiendo o bien,  en las formas de la poesía o en las formas de la prosa. Siempre adelante. Siempre buscando el instante supremo del delicado momento que supone escribir ése algo que rogamos perdure para siempre. ¡Ah… la magnífica obra de la literatura, o la literatura hecha obra!

Como a las teclas de un piano, el escritor debe buscar esa simpleza, aquella sutileza que sólo las palabras les pueden dar. Una vez me definí como un “histérico” de las palabras. Aunque la palabra Histerya sea netamente de origen femenino, aunque con ello no quiero generar ninguna alusión a nada en particular. Pero qué libertad, qué dulce el gozo el de poder escribir. El compañero más fiel. Es la síntesis del momento articulado en la moraleja que supone entender y vivir del presente.

Siempre ahí, esperando, esperando. Deseando, construyendo, armando, desarticulando. Generando nuevas formas, nuevos pensamientos. Contaminando el mundo, el ozono, con cuanta idea se nos cruza. Y el paciente pathos de quien espera constantemente por el articulado verso. Por el agradable momento. Por el supremo instante en donde el Amor se torna auto–revelante se nos hace ¡por fin! presentes.

Yo no sé si tengo algún lector por allí, cuando yo despilfarro letras como lo vengo haciendo hasta ahora…  siempre la misma pregunta, ¿habrá alguien leyendo ésta pieza? Puede que sí. Puede que no. Es la pregunta anti-sonante que se tiene que preguntar cualquier escritor. Porque en definitiva, escribimos para alguien. Una vez acusé a alguien de interpretarme y ¡qué ridícula mi afirmación! Pero claro, son las palabras. Estate sujeto a la interpretación. Hoy creo que las palabras son mejor escritas que dichas. No me gusta tanto la oralidad. ¡Pero qué placer el presente! ¿Verdad?

La oralidad y su inmensurable espontaneidad. El ridículo afán de decir nuestros pensamientos transmutados a la Lengua. Dicen que la Bliblia se escribió a través de la Inspiración  Divina que como   Lengua de Fuego, dictaba en divina inspiración, a los respectivos apóstoles y “escritores” que compusieron el gran Biblyos. Y también estaban los exégetas, encargados de compilar y leer. ¡Miren todo lo que hace a la lectura! Y yo preguntándome si hay alguien leyendo esto. ¡Pero claro! Yo mismo leo mis palabras aquí, golpeando el teclado, escuchando a Chopin que –según tengo entendido- golpeaba él también las teclas, aunque él escribía con diferentes palabras. La Lengua, ese motor universal, transmisor de conocimiento. ¡Soy un obsesivo de las letras, de las palabras! Por eso me asustan las interpretaciones. Porque aprendí a dudar de todo aquel que interpreta. Hay que hilar desde lo más finos: “Domina las fuentes y entenderás a Plotino” me dijo una vez, un Maestro que tuve.  Dominar las fuentes. No interpretarlas. Dominarlas. ¡Y qué difícil se nos hace no hacer uno y si lo otro en simultaneo!

Pero vuelve el placer de las letras, vuelve el placer del presente. Vuelve la búsqueda inconstante de la libertad. En todo tipo de lenguaje. Sobre todo, en el lenguaje del Amor. La más universal y perfecta de todas las Lenguas. Hay quienes todavía no me creen que existe. Otros sostienen que no lo es todo. ¿Cómo decir que no es todo? ¿Cuál fue la enseñanza que nos dio Jesucristo por encima de cualquier otra cosa –y aquí no entran trivialidades del estilo soy o no creyente porque mismo podría haber dicho el Buda- acaso no fue: “Ámense los unos a los otros”?  Ya sabíamos la Ley. Ya existía la Ley, no hacía falta recordar eso para el Hijo de la Tierra. Hacía falta recordar el Amor que, claramente, no se tenía tan en cuenta.

¿Y quiénes de todos nosotros lo tienen en cuenta? A mí me gusta jugar el juego del Amor. Me resigno a creer que - son/somos/serán - todos iguales. No, ni de un sexo ni del otro. Claro. Hablamos del Caos. De lo que cotidianamente se llama Presente.

El Presente, esa inasible sensación del Tiempo que transcurre en simultáneo con el devenir de los Hechos. Y las Moras que nos cortan los hilos del destino. Quien teje, quien hila y quien corta. ¿Dónde están esas tres brujas que nos limitan la vida y marcan nuestro fin?

Yo vivo de ensoñaciones. Me acusó una vez mi padre de ello, dejando Buenos Aires, hablando por teléfono desde un aeropuerto, en Ezeiza, Argentina.  Sentí que un millón de emociones pasaban por adentro de mi corazón. Una millonada de sensaciones que traían intrínsecamente el peligro del Caos inmediato.  En uno de los bares que hay, cercano a las mangas de embarque, escribí una canción llamado: La Música de la Libertad.

Me es imposible dejar de creer que existe la Libertad como virtud mayor en la vida y que, dicha Virtud, sólo se consigue a través del Amor más puro. El Amor al Arte, (¿coincidencia esto de que ambas empiecen con ‘a’?), el amor a los Amigos “Pues nada vale más que dar la vida por los amigos” Ev. Según San Juan.  El Amor a la Familia. El Amor a la pareja.  El Amor es el vehículo universal de todas las cosas y tendemos a confundirnos en algunos aspectos. A veces creemos que es menester tener otras cosas previas al Amor.  Pero no nos confundamos. Sólo el Amor nos puede realmente completar, movilizar, darnos esa preciosa  Libertad.

Me niego a Creer que el Amor perfecto no existe. Me niego a Creer que no existen Historias Universales enlazadas en el Verdadero Amor. Me niego a  pensar que hay almo más importante que el Amor. Me niego.
Es por ello que voy a luchar y seguiré luchando en pos del Amor. Por una Roma Perfecta…. como dijo mi profesora de Latín “¿Acaso creen que es casualidad que Roma y Amor sean una misma palabra?

sábado, 11 de mayo de 2013

Te escribo, ¿me escribis?




Escribo, ¿te escribo? Desde la rabia. De aquel que ya sabe cuál es y será el desenlace funesto de no terminar las cosas bien. ¿Por qué las cosas se terminan? ¿Qué sentimos? ¿Cómo es que pensamos? Te escribo, ¿escribo? Porque “hacerme el malo” pasó de moda y, al final del día, sólo quedan una guitarra apoyada en la cama y el recuerdo del por qué ahora te odio tanto. ¿Te odio?

Escribo, ¿te escribo? Porque lo único que siento es que nunca fui bueno para vos. Nunca. Y así lo siento, la funesta competencia de tener que ser alguien ¿Y dónde queda el feliz desagrado de no ser nadie? En las reminiscencias de lo que fuimos. Escribo, ¿te escribo? Porque no sé qué hacer y las horas se hacen larguísimas.

Todo los medios de comunicación quedaron obsoletos y resuena de lejos aquel: “Amadeus, Amadeus, ¿Y ahora cómo te contacto?” Escribo, ¿te escribo? Porque una vez más, la solución es resolución y ninguno de los finales me gusta. ¿Es que estamos nerviosos por lo que estamos pasando? Es que, en realidad, teníamos que terminar...

Escribo, ¿te escribo? Y me acuerdo de todas las veces que en mi vida se terminaron las cosas y no lo puedo tolerar. El alma me quema, los dedos están cansados y es tanta la infelicidad que ni con cerveza la puedo tapar. Escribo, ¿te escribo? Porque es tanta mi frustración que saltar ahora mismo por la ventana me daría exactamente igual.

Escribo, ¿te escribo? Porque ni si quiera hoy, un día después de nuestra última foto juntos, puedo encontrarnos en algún lugar, en algún sitio. Y yo que no me quiero borrar nunca lo linda que estabas la última vez que te vi. Y, sin embargo, sé bien que pronto voy a tener que hacerlo porque no hay forma de que nos volvamos a reconocer.

¿Por qué? Por el orgullo, por la ignorancia. ¿Por qué? Por ser como somos. ¿Por qué? Porque todavía se oye el eco de que nunca deberíamos haber estado juntos porque el final era enteramente predecible.


Escribo, ¿te escribo?... Mejor escribime.


Amadeus, 

lunes, 29 de abril de 2013

La canción de Amadeus,






Amadeus, Amadeus ¡cuántas ganas de soñar que tenés hoy! ¡Amadeus, Amadeus ¿Qué os pasa que te noto tan contrariado?! Amadeus, Amadeus… tú y aquellas ínfulas del Arte cruel… Amadeus, Amadeus…

Qué patética aquella voz que viene de adentro, con el espanto de creerme ya completamente perdido. ¿En qué estoy adivinando yo, ese futuro desgarrador, cruel y sin fundamentos? ¡Qué nueva terapia nos encontrará en suerte, a la hora de hacerme el místico y escribir sólo en la primera persona!

Basta ya de todas esas cosas del plural. Me vuelvo rudimentario cuando se trata de escribir y re-escribo sobre la base de lo ya dicho: maldigo la primera persona del plural que me ataca constantemente a la hora de escribir. ¿Y por qué habría de utilizarla si a fin de cuentas he me sólo aquí, escribiendo cualquier cosa, sólo por la necesidad de escribir?

No, ya no tengo mentores, lectores, amigos que me acompañen. No hoy. Me despedí hasta de los más íntegros para quedarme en la más absurda de las situaciones. Busco y repaso en mi memoria cada una de las acciones que me obligaron a éste patético episodio en el que me encuentro hoy. Éste estado de incompleta desesperación, de lo impredecible que me ata y desata: que me arma y desarma.

Lacónica la expresión de soledad y todo su entendimiento. Complejo el mecanismos y las fuerzas de la voluntad. ¿A dónde quiero llegar con todo esta nueva búsqueda? ¿Adónde iré a parar si es que tengo por menester parar? ¿De quién más tendré que separarme para seguir con esta desventaja que aproxima a la insensatez?

Me gusta creer que en el mundo hay héroes aún que luchan por Amor. Me refiero a la causa primera, motor de todas las cosas. Acción indiscutiblemente buena. Del estilo que se aproxima a lo que entendía la vieja filosofía griega, forjadora de miradas exóticas y cabezas distinguidas: esa idea romántica de que lo verdaderamente bueno es Bello en sí mismo. ¿Y cómo no habría de ser así? Sí es que está hecho con el elemento primero, sustancia engendradora de vida, acción que remite a todas las acciones. Momento de todos los momentos. Significado de todos los significados. Hablo de la sustancia misma del Bien mayor: el Amor. El verdadero Amor. Esos héroes, que sé, luchan día a día para este mundo mejor, este mundo que buscamos todos y entre todos (aunque algunos se pierdan de a ratos), sé que me están juzgando. “Tú, inútil –les oigo decir- ¿qué haces para que todo esto cambie?”. “Vos… el bueno para nada dejad las mortajas de tu imbecilidad y salí a defender lo que Justo: lo que es en sí mismo bueno. El Amor, el verdadero”.

Sonará ridículo, hasta inverosímil. Y yo que tan solo me quedé, sólo por la ridícula acción egoísta y ególatra de elegirme a mí, como primera persona. A mí. ¿Qué hice yo para merecerme tanto aprecio? No, no es suficiente con recaer en el error constante, además de ello, tengo que hacer heroicas sandeces,  para reafirmar el Absurdo.

¿Quién soy yo? ¿Por qué siento y sufro de esta manera? ¿De qué me escondo? ¿Por qué me paso tantos días encerrados? ¿Por qué La Música de la Libertad no me libera? ¿De qué tengo miedo? ¿Y por qué tengo tanto miedo?

¿Será que este es el grito desesperado… la inconclusa respuesta del insignificante modelo de anti-vida que hará no más de un año emprendí en esta desolada parte del cuarto, en éste rinconcito desde donde ahora escribo?

Ya me perdí completamente. Y esta no es la apología humanitaria, ni la solución de lo incomprensible. Aquí se está sujeto a interpretaciones, a lo absurdo, a lo significante y su significado. Aquí los autores se juzgan, los sujetos ejecutan y las novelas se cuentan. Aquí, en mi corazón, negro, corrompido, triste y hostil… aquí ésta alma enferma grita desesperada. Pero trato de que sea al menos, por adentro, cosa de que el grito quede atado al orgullo interno. Ese ridículo orgullo que una vez le insistí a alguien  que ya no lo tenía.

Hoy quiero respuestas concretas sin siquiera, hacer las preguntas adecuadas. Hoy estoy desesperado. Asustado y confundido.


Hoy, Amadeus, estás triste.

domingo, 14 de abril de 2013

HOY GRITÉ BASTA.




Suena Ein Deutsches Requiem y me recuerda, inmediatamente, a esas noches en mi casa en donde con el violoncello, me entregaba a la más sublime de todas las artes: el arte de ser puro y libre. El Arte de la Música.  ¡Ah!.. los recuerdos de libertad. ¡Requiem! ¡Brhams! Éste psicótico e intrépido compositor, autor de los más hermosos tercetos de cuerdas.

Hoy pues, con el inconfundible Requiem, con la auténtica melodía del ser y la perfección es que grito a viva voz: BASTA. Se me acabaron las ganas de todo esto. Se me acabó la penosa tarea de ser un agente inmediato de la necesidad económica, vil y pueril, anti-revolución. Se me fueron las ganas de perder la libertad de mis pasos, la salud de mi cuerpo, las horas de sueño.  Me harté de mis ratos de ocio, de la imposible capacidad de movimiento. Del aislamiento innecesario. De la inhumana entrega a un oficio que por demás, poco deja al títere y mucho al titiritero.

Me cansé del desolado pronóstico de La Europa, La América y El Occidente. Me cansé de la idiota idea de que sin bancos y sin celulares, no se puede vivir. Me harté del errado concepto de libertad que a diario practicamos.

Heme aquí, con una suerte de apología que dejará mucho que desear porque son más de dos jornadas seguidas que paso sin poder dormir más que unas pocas horas. ¿Y todo por qué? Para que al final del día, mi música no salga como se debe, mis palabras no se digan como corresponde y mi cerebro no funcione como debería.

En mis años terrestres, leer, hacer deporte, conocer gente, respirar aire puro, eran menester y necesidad. Hoy, a duras penas puedo yo, salir sin sentirme agobiado. Con dificultad leo las páginas de un Crimen y Un Castigo que pareciera estar escrito para mí. Con tremendo tedio practico deporte y casi nunca, nunca, estoy con la gente que más quisiera.

El vínculo humano se convirtió aquí, en inhumano. Y lo que antes nos hacía hombres, hoy nos hace necios. Ya no maldigo como injustamente hice antes,los motivos religiosos, los agentes psico-activos propios del entorno o cualquier otra  bonita y filosófica explicación. Ayer entendí que esto se debe puramente porque a la gente le gusta vivir así. ¡Así es! ¡Es el estilo ilimitado de la estupidez organizada! Del género más vano. De la repugnancia más pueril. Del sin sentido más perfecto.

Hoy dejo todo. Hoy se acabó. Hoy me levanté gritando: BASTA. 

sábado, 23 de marzo de 2013

Sobre la Libertad del Individuo




… Porque no vale la pena seguir poniendo palabras ya gastadas que quedaron tiradas al costado de un árbol, un día de invierno, en una ciudad europea cualquiera. Escuchamos a Chopin porque sus Nocturnas nos hacen sentir vivos. Me da la sensación de que la gente ya no quiere vivir ninguna de esas cosas. Eso de sentir que se vive, que se respira, que uno está quieto sólo porque el mundo se mueve.

Me siento a mirar las montañas de alguna blanca cadena montañosa, en alguna placita perdida por alguna ciudad en vaya uno a saber qué continente, a qué hora y dónde.  Reflexiono sobre lo que siente la gente cuando respira aquel aire tan puro, tan fresco, tan vivificante que sólo me hace sentir parte de este hermoso planeta, parte de un hermoso sistema de Seres.

Huelo el olor a barro, tierra mojada por el rocío matutino que siempre despierta al hombre que trabaja y que nutre de vida al pasto. Suena Chopin y yo huelo el olor a barro, tierra mojada, que se mantiene así hasta bien entrado el día… Me da la sensación de que el barro y el hombre tienen un vínculo mucho más profundo de lo que normalmente se cree. ¿Quizás por eso dicen que del polvo venimos y hacia el polvo vamos?
¡Qué día tan claro! ¡Qué luz tan pura! ¿Se me permite soñar aún hoy, después de tantos pesares? ¿Se permite el destino darme un brinco que me lleve al respiro mientras las teclas hacen tac tac tac tac…? 

¿Qué tengo por delante que me hace tan ciego? ¿Qué tengo de pasado que me condena tanto? Piano, piano y más piano. Dicen que Chopin no daba conciertos en teatros grandes porque sabía que mucha de la gente que iba a allí, sólo iba por cuestiones sociales y no para escuchar la música. Debido a ello, su forma de atacar a esa pseudo sociedad estilizada por la idiotez, era haciendo presentaciones privadas para un grupito selecto de admiradores de la Música.

¿Qué es la libertad del individuo? ¿Cuál nuestro propósito? ¿A dónde queremos llegar cuando atacamos e invadimos con absurdas propuestas, con imbéciles ideas, con palabras tan vulgares y necias? ¿A dónde queremos ir a parar como grupo humano? Dicen que somos todos partes de una misma cosa, de una misma energía que fluye cual río, en su rumbo al mar… ¿Y quién de nosotros no se siente completamente diferente del resto? ¡Es más, diría que hay hasta una necesidad de querer diferenciarse…!

Estoy sentado en un banquito, en una plaza, en algún centro de alguna ciudad de vaya uno a saber qué continente, en algún planeta habitado por alguna especie de bípedo que gobierna y regula todo lo que le rodea.  Reposo, una de mis manos sobre mi mejilla y con la otra, me refriego los ojos porque el brillo que da la luz al chocar contra la nieve es muy fuerte y yo decidí sacarme los anteojos de sol para ver con más nitidez todos los colores del universo. No me quiero mover y pienso sobre la libertad del individuo. Conceptos como la libertad que siempre suenan y resuenan en alguno de mis textos, en alguna que otra canción, en una ventana en el desierto.

Estoy sentado solo. El estar solo fue una de las metas que me propuse allá en el viejo 2011. Tenía que experimentar, de una buena vez, el abandono total que sólo se puede sentir cuando neciamente se renuncia a todo lo conocido para vivir alguna cosa por razón- nueva- y por objeto, idiota.

Estoy sentado con un poco de frío, el común, el que se siente cuando afuera es invierno aunque el sol siempre amigable, nos  tranquiliza y nos da un poco de alivio, el suficiente para no desesperar. Estoy sentado y pienso sobre la libertad del individuo.

¿Qué nos hace ser libres, qué nos hace ser individuos? ¿Qué nos hace ser? Wittgenstein diría algo sobre la responsabilidad, Nietzsche algo sobre el patético deber, Platón nos contaría de la Virtud y el triunfo del Bien sobre el Mal…. Y yo me miro al espejo sólo para entender que en realidad, lo único que me interesa en esta síntesis de acciones condicionantes que llamamos vida, es el concepto de la libertad. Y vuelvo a meterme en el mismo asunto sobre la libertad del individuo y sobre qué es todo eso.


Pienso en el Arte y en cómo libera al hombre en todas sus formas. Hablo del Arte puro, el que realmente se lo puede considerar arte, el que no es contestatario para nada, porque es producto de la inspiración más próxima, de la luz más interna que tenemos, del reflejo de nuestras propias almas.  Pienso en el Arte y su Relación con la Libertad del Individuo.

Arte es quizás algo inabarcable, inasible, inalcanzable pero bien sé yo que es lo único que nos hace libre. ¡Y es por ello que en triunfo del Arte, el que es realmente bello por la Virtud de ser Arte, el que es realmente bueno por ser Bello, el que es realmente Arte por ser de un universo que nos es inalcanzable en estado normal, porque es sólo producto de la inspiración; es que llamo a todos a luchar en pos de él y en su Eterna Libertad!

lunes, 25 de febrero de 2013

Pensamientos ajenos de un burgués a un amigo,




No es novedad que, para  sentarme a escribir, suene un disco de Astor Piazzolla. Tampoco es novedad que la simple mención de Buenos Aires en una noche en curda, pueda hacer de éste tanguero, un llorón. ¡Pero dicho sea de paso, qué necesidad necia la de querer escribir en mi idioma!

Un día escuché a alguien decir: “pues… cuando soñas en otra lengua, es porque ya podés ser considerado bilingüe”. A veces, sin necesidad de desmerecer el logro y lo magnífico de haber podido aprehender un idioma nuevo,  duele saber que todo ese lunfardo se me está perdiendo. No sólo eso: las esquinas con mate, los vinos por las calles nocturnas de una ciudad opacada por la inseguridad, de un olor a humedad que le valió a Buenos Aires un montonazo de epítetos... los amigos.

¡Qué manera de ser diferente! De querer pensar, de re-escribir miles de notas en mi cabeza, sólo porque estoy en búsqueda de la perfección. Qué guión a lo Cortázar del ridículo de ser un colectivo financiero, que sólo juega la suerte de ser “empleado del mes” para poder perseguir un sueño. ¿Qué sueño? El de vivir, me respondo rápidamente. Qué patético el devenir y lo inconsciente de la gente.

Qué lindo los e-mails y las diferentes misivas que a veces recibo de mis amigos, único y verdadero vínculo afectuoso que existe en esta vida.

Estoy un poco triste. Viajar significa un montón de cosas. Y más, mucho más aún: perderse un montón de otras. Estoy viajando recorriendo un sinfín de continentes que se inventan y re-inventan para generar paisajes y crédulas canciones de rock. Y yo, lo único que espero es que todo éste martirio que sin dudas se me ha escurrido de mis manos, se termine de una buena vez para poder volver a la rutina.

Mi cuerpo está cansado, ajeado de tanto volar. Corrompido de todas las cosas que vi. Sin un minuto para pensar, sin canciones para cantar, sin ideas para escribir. Y ese necio fuego que nace de mi alma que grita: “libertad, libertad, libertad”. Es todo lo que quiero. “Ser libre es un estado del alma y no algo que se pueda otorgar”. Me re-escribo, viejas citas del pasado, escritas quizás en un paraíso etílico o en la ridícula idea del “filósofo” moderno que en sus descuidadas pesquisas por la verdad encuentra realidades sub-alternadas con la propia en un brillante collage de palabras.

¡Maldigo el día que decidí ser alguien! ¡Bendigo la hora de no ser nada! “… en tu afán de vivir”… “tus ganas de ser libre”… “vivir tu vida como siempre se te dio por hacer”. Un montón de citas más. Todas lindas. Todas propias y ajenas. Todas de alguien y también nuestras.

Veo las horas escurrirse en aquella secuencia, numérica y circular. Escucho los opúsculos de un día laboral allí, en el mundo real. Recuerdo los pilares de los 10 principios éticos del yoga y participo en una marcha de un Angelus ficticio, vulgar y precoz de una persona a la que se le atribuyeron poderes supra naturales.  Camino un poco más y me pregunto a dónde carajo va a llegar todo esto. El marfil, el mármol, el tapiz pintado de una vieja ruina romana.  La madera de un mueble que juega a ser atrio. Las leyendas milagrosas de una fe que nunca se perderá. La realidad suprema de saber que no sabemos nada…

Y afuera, los ecos de un día que se termina, de una noche que se hizo de pronto y de un montón de burocracia y de deseos de libertad que me alejan una vez más, de aquel plato de pasta que me espera en la cocina.

Amadeus, 

sábado, 19 de enero de 2013

Retratos de la inspiración




 Hoy me senté a escribir inspirado un poco, en los buenos comentarios. No estoy borracho. No estuve tocando guitarra. No pude tocar mandolina. Y, sin embargo, sentí esa ansiedad que siente uno cuando sabe que está faltando a algún deber de esos que nos encargan desde arriba… ¿El mío? Puede que sea escribir. Sentí las ganas.

Aún así, con toda esa gana exfoliándose por mis poros… con todo el contenido romántico de las palabras y mi té, al costado de mi teclado me siento tan desnudo. Tan falto de palabras. ¿Qué es lo que me está pasando? Hace días que no me nace componer. Hace horas que no me viene el escribir. Pero sé, lo siento, todo está ahí. ¡Qué diferencia con respecto a diciembre, ¿verdad?!

Me da la sensación que sé la razón pero puede que no me anime a decirla. La tranquilidad de quien sabe que está haciendo las cosas bien. De quien sabe que no está sufriendo, que está cómodo. No les voy a mentir. La comodidad me aterra, ¡a qué punto me aterra!

No me gusta saber que las cosas van bien. Tengo ese maldito sentido trágico que hace que esté siempre a las expectativas de algo malo… y, sin embargo, me gusta tanto este momento. Me siento tan tranquilo, tan completo… ¡Ah… pero el llamado del arte….! Ahí lo escucho. ¡Él y la sinfonía del sentimiento!

No, basta de barreras idiomáticas. Basta de la somática idea del sufrimiento y ése maldito revés de conejo que tiene mi signo, que tiene mi año. Es hora de explorar en los caminos del presente, ¿acaso no era esto lo que queríamos, mi querido Amadeus?

En el estado más puro de las letras más simples. Lo simplón de ser escritor y poder dedicarse a darle a las palabras, un espacio más cómodo. ¿Teatro minúsculo? Un profesor, amigo mío, al que le mando algunas cosillas que escribo para que él –en su deleite- las publique en su hermosa revista a decidió dar por sentado el nombre de un nuevo género literario. Que tiene por protagonista, nada más ni nada menos que al mismísimo Amadeus.

Yo no lo conozco mucho a él. Sé que se las da, con el aire de soberbio típico de los que saben que tienen facilidad para alguna cosa y encanto para ser fieles a los ideales. Y esos ideales, tan pasados de moda… tan del rock, del movimiento de los 70’ y de un montón de estandartes perdidos por ser sólo, el conglomerado de un pasado retrógrada y perdido.

Mi querido Amadeus, ¿cuántas batallas luchamos de par en par? Y hoy, no obstante todo, veo que te alejás, que te perdés. ¿Será que me estoy volviendo viejo o solamente te estáis tomando unas vacaciones? Espero que sea la segunda opción para poder dar rienda suelta, en tu vuelta, a nuestra inspiración.

Las palabras no se van a escapar más. El alcohol, va a disminuir. Busco nuevos ingredientes alegres y puros, para la más inexacta inspiración. ¿Me ayudas a encontrarlos, mi querido Amadeus? Di que sí.

Amadeus,