domingo, 21 de octubre de 2012

Canción Italiana



Mandolina: Canción de Pelagia

Veo mi Mandolina recostada sobre mi cama. Veo la guitarra, dada vuelta, después de haber sido usada un ratito. Veo como una botella de vino, 2010 Cabernet Sauvignon está casi terminada. Pienso en todas las cosas que hice hoy. Pongo música. Pienso en todo lo que hice ayer. Pienso en lo que dije ayer. Veo las cosas que hay tiradas en mi cuarto. Dos pares de medias de vaya uno a saber cuántos días... un paquete de Almendras, una caja de alfajores. Veo la botella con agua mineral que dejo al costado de mi cama, antes de irme a dormir porque a la noche me da mucha sed.

Pasan las horas. Pienso en lo que hice hoy, pienso en lo que hice ayer. Decido cambiar los puntos por comas para ver cuál es el impacto en la palabra escrita. Pienso a dónde fue que viajé hace unos días y me intriga saber a dónde viajaré mañana. Si tengo que compararme con un Amadeus de hace algunos meses atrás, diría que él no viajaba tanto como lo hago yo. Y, sin embargo, puede que esté harto de viajar.

Pienso en lo que escribí ayer. Pienso en lo que quería escribir hoy. Veo mi cuaderno con esas notas, pienso en las canciones que compuse, en las que canté sin tener letra, en las obras que toqué ayer, las que toqué hoy. Veo mi mandolina dada vuelta, en mi cama, descansando. "¿Tengo una mandolina?" pienso... me es difícil creer algunas cosas. Pienso.

Me acuerdo de lo que dije ayer, de lo que dije hoy, de adónde fui el otro día y sé a dónde voy a viajar mañana. Recuerdo como era el Amadeus de hace unos meses y sé, lo doy por contado, que éste Amadeus viaja mucho más que el anterior.

Me pongo feliz. Sé que viajo en unos días, sé a dónde voy a viajar. Viene mi hermano. Sé que lo voy a ver. Le dije a mi familia: nos vemos en diciembre. Me preguntaron por qué: les contesté "porque no sé cuándo los voy a volver a ver".

Pienso en lo que dije ayer, pienso en lo que digo hoy, pienso en lo que les voy a decir mañana cuando me pierda en el mar del fracaso incontrolado, autoinflingido. Me gusta pensar que mi destino es el de ser el Más Grande De Los Fracasos, y lo peor de todo es que me gusta la idea. Se me da por pensar, hoy que pensé, que ya no tengo ambiciones más que la de no ser ambicioso. O, tal vez, la de no tener mayor éxito que el de ser una persona sin éxito absoluto. Me gustaría, quizá, que se me recuerde como aquella alma viajera que un día se perdió en alguna ciudad, creo que de Europa y nunca más volvimos a saber de él. ¿Estará bien?

Pienso en lo que dije ayer, pienso en lo que dije hoy, pienso en lo que les diré mañana cuando desaparezca en lo que creo que será, alguna ciudad española. Se me da por pensar en la Libertad, en ser libres, en ser un completo fiasco. "Amadeus, seguí escribiendo que vas a llegar muy lejos... ¿nunca pensaste en ser escritor?" Ya no pienso en nada, mi querida amiga.

El otro día, pienso en lo que me dijeron ayer y en lo que me dijeron hoy, alguien me hizo notar que en cinco años tendremos 30. Pensé. ¿Tengo que pensar? ¿Qué hago en donde estoy? ¿Qué hago? ¿Dónde estoy? ¿Son dos preguntas?

A veces se me da por pensar, en lo que dije el día anterior, en lo que digo me digo en el presente, en lo que voy a decir mañana cuando de pronto desaparezca y tenga que explicar a mi familia que dasaparecí por mi propia salud. "Es que se te ve tan bien ahí en donde estás".

Si, puede ser. Pero pienso en lo que dije ayer, en lo que dije hoy... en lo que voy a decirles mañana a mi familia cuando desaparezca. Veo mi mandolina, dada vuelta encima del cuaderno con notas que tiene esas canciones que canté, las que inventé, las que compuse por componer. Las que se encierran en esa vieja idea de lo que fui, soy y seré.

Pienso en todo. Pienso, pienso y pienso otra vez. Y de pronto se me dio por creer que si no pensara más, todo sería más fácil.

Veo mi Mandolina, dada vuelta sobre mi cama, apoyada sobre el libro que tiene notas de esas canciones que canté, que canto y que cantaré.

Es hora de irse. ¿Qué les parece?

Amadeus,


martes, 25 de septiembre de 2012

¡Que bueno encontrarte!




¡Qué bueno encontrarte! Tiempo ha de que mis palabras no tienen destinatarios. No me tomes a mal, espero que no lo hagas, pero creo que mucho de lo que escribís hoy fue porque yo te lo enseñé. A veces, cuando todavía me dan cosquillas los días, me siento a leer alguna que otra cosilla tuya. Pero sólo en e-mails. Pensé que te habías perdido en la lista de un tal vez que tanto abundan en el mundo cybernético. Pero hoy, me creerás si te lo cuento, buscando entre sombras encontré que seguís escribiendo. ¡Y menos mal! Porque me ponía tremendamente mal pensar que no escribías más. ¡Solamente cambiaste la dirección! ¡Si supieras lo que pensé! Acciones nefastas del llamado de atención: pensé en escribirte un e-mail para ver si respondías. Aunque sabía que no lo ibas a hacer. ¡El orgullo, arma vil!

No me tomes a mal por lo que dije antes. Creo que ambos crecimos juntos, cuando de escribir se trata. Te cuento más, hoy estaba sentado pensando en algo para escribir. Y no pude escribir nada... pero en otras noticias: mandé una especie de idea de libro que está, en parte, inspirado en esas tardes que pasé consumido por el calor y porque apagaban la energía para ahorrar para el año que viene. 

¡Ah! ¡Pero hoy te encontré! Es como haberse encontrado con una cajita de recuerdos que se abre y adentro, está llena de palabras. Ahora escribir tiene sentido una vez más. A veces pienso que me escribo... pero otras, no te miento, creo que te escribo. ¿Qué pensas? ¿Seguís creyendo que escribo bien? No te confundas tampoco, no sos la Milena de Kafka ni la Beatriz de Dante. Tu rol, en esta historia, es más banal... o si querés, más vulgar. Vulgar no del latín vulgo... vulgar en lo que se refiere a cotidiano. Ya sabés como yo peleo por esa absurda armonía en las palabras. 

No te miento, minutos atrás, no tenía nada para escribir. Quedó todo en un borrador... y ahora... si me vieras ahora con la adrenalina de saber que te escribo tan sólo para que me leas... Bueno... ya no me lees más, pero por lo menos para responder. Siempre me gustó ser una especie de pseudo tutor que, aunque nunca te guió, por lo menos te criticó. ¡Sí! ¡Eso éramos! Criticones. ¿Me esperas que me pongo otro disco?

Me puse algo más nuestro: Brandi Carlile. No creo que te acuerdes. Pero yo si me acuerdo de Seru Girán... ¿Sabés que ahora me gusta, no? Sabés que ahora escucho a Sui Generis con placer. ¡No, te prometo que fueron sólo dos cervezas y no tienen nada que ver! Ay... la inspiración y las ganas de escribir, volvieron todas juntas. ¡Vos tenés dos elefantes! ¡Yo tengo dos guitarras! Una se llama Irene, que en griego significa Paz. Y la otra Sofía, que significa Sabiduría. Ninguna se llama como la otra... no ya no la pienso más a ella. 

Ah... pero ahora que te leo, me siento tan joven. Menos mal que seguís escribiendo. ¿Querés que te confiese algo? Me gusta como escribís. Está bien, deberías leer algo más Verdadero y dejar toda esa palabrería revolucionaria que tanto mal ha generado en la literatura. Sobre todo, en la latinoamericana. Pero si me leyeras, ahora mismo, seguramente dirías que soy un retrógrada de.... y agregarías alguna que otra palabrilla condenada por el google translate

¡Ah... pero qué joven! ¿Sabés que hago ahora para vivir?  Vivo para los Aeropuertos que me llevan de un lugar a otro. ¿Te acordás nuestro Aeropuerto? ¡Fue nuestro hogar por unas horas! Me acuerdo que me senté a cargarte música en el aparatito de la manzana... y casi te mato cuando me cancelaste la conexión porque tu ansiedad, esa constante ansiedad, puso fin a la sincronización. Ah... es que vos sos tigre y yo soy conejo. ... ¿O eras Búfalo?... 

¡Qué bueno encontrarte! Ojalá me leas, ojalá porque por lo menos significaría que triunfó la literatura. Si yo no te respondí como se debe, y aquí creo que deberías saber que mi orgullo quedó en la calle Av. Velez Sarsfield y no lo traje conmigo,  es porque pensé que no escribías más. Así pues, si me lees, respondé carajo - como se debe. 

Tengo un cuento que termina: ... (SIC) "y... en la mesa, la fascinación de las palabras". Eso me lo regalaste vos.  Aunque no me lo creas, no me lo vas a creer, serías la única crítica a la que le daría mi libro a leer. Los demás, me suenan muy convencionales para que me lean. Muy. 

Ya no escribo como antes, lo sé. Antes, las formas tenían sentimientos, mientras que ahora, son las palabras las que hablan y ya no esa vorágine de cosas adentro. Sé que vos seguís teniendo dos elefantes y que los contenidos se entienden por otras partes. Sé que vos seguís pensando que sos una estrella de la modernidad, incomprendida tal vez, pero con una pierna más corta que la otra que marca, en sí marca, la diferencia para con el resto. 

Yo me corté el pelo. Me compré una guitarra y pensé en cantar. Caminé en Madrid, y creo que te pensé. Pero seguí caminando, tomé café. Me levanté y caminé un poco más. El problema de la vida, hoy por hoy, es que todo se mide en horas y lo que son horas, se traducen a kilómetros. Lo que no son kilómetros se vuelven mares que separan continentes y lo que no cierra de los continentes es que están gobernados por personajes nefastos. ¿Seguís viviendo en la misma callecita o la independencia marcó otra vez, tu destino? Uf, el complejo de Electra en vos, fue más fuerte que cualquier otra cosa que pudo haber enfrentado tu amigo Freud. Yo no creo en esas cosas. 

Mirá cómo pasan los párrafos. Pasan las palabras, pasan. Pasan las horas, pasan. Pasan los noctámbulos. Yo tomé sólo dos latitas de cerveza. Nada más. Ahora me afeito por mi trabajo. Pero cuando la vida me deja, me siento con Sofía a debatir sobre el principio del Bien y por qué Plotino habla sobre lo Bello. Cuando entiendo un poco más, me siento un poco más. Pero, por lo general, miro por la ventana y pienso en las mismas cosas: el Amor, la Libertad, la Vida.  Con la salvedad que hoy soy más libre que ayer, o menos dependiente. 

La soledad me gusta. Me enteré, por ahí, que es algo que me hace falta. Es algo que necesito (estoy tan emocionado respondiéndote que los dedos se mueven solitos y eso que yo no uso diminutivos para escribir) para sentirme más yo. ¿Soy un egoísta? ¿Soy una persona endemoniada? Vos creerías que en realidad, soy el ombligo del mundo.... Y yo te respondería: ponele que no. 

Y quizás sea eso... ponele que no. Pero me hace bien saber que estoy bien. Aunque me hace bien saber que estás bien. Seguí escribiendo. Me alegra tanto, tantísimo. Es saber que cuento con mi villano para combatir el mundo. Vos, con la bandera de García Marquez... yo con la de Goethe. ¿Quién vencerá? Palabras, sólo son palabras. Ya sé que no me lees y no me vas a responder...  a mí me gusta jugar a escribir. Aquí, en Dubái, tuve la patética situación de gente que me quiso leer y, peor aún, interpretar. Yo los saqué a escobazos. 

Te escribo más adelante. Gracias por leerme. 


Amadeus,

Pd: me voy a seguir leyéndote. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

A Baco, parte II



Al dios Baco (pulse aquí)



Con la simpleza de la infinitud de Dios, nos dedicamos a confundirnos en los márgenes del deber y el existir. ¿Qué empiezan las campanas? ¿Qué se encienden los coros? Somos el hombre pneuma del que habla Plotino, tras la caída, siempre en búsqueda de la felicidad. Del dichoso futuro que nos tenga, por costumbre, la reserva ideal del porvenir provechoso. Nos espantan las ideas que innovan y no entendemos que éstas, son más que la copia del pasado vulgar que traer por buenas nuevas, las viejas ideas del mundo.

Tal como prometí, después de esa apertura tan altiva y llena de eufemismos, me siento a escribir en honor a aquel dios de la antigüedad que tantas fortunas nos ha traído. Una lástima que en el pilar de lo que hoy se considera bueno, éste dios, haya quedado tan al margen. Sobre todo, después de haber sido elevado por el mismísimo Jesucristo. Es decir, que no sólo en la Era antigua, el dios milagroso triunfaba por sobre los demás, siendo a su vez, conductor de Almas, sino que en la Modernidad, en nuestra Era, fue elevado a la categoría de Sustancia Divina y es hoy, provecho de nosotros los Cristianos, la sangre del Redentor que en esgrima del triunfo Divino, nos une y eleva.

¿En dónde quedaron los viejos versos de los Sabios Griegos que entre tanta sabiduría nos llenaban de Ideas Bellas y hacían de este presente, un todo perfectamente redondo en donde la dicha ser Bienaventurado nos era para todos igual siempre y cuando apostáramos al Bien Supremo y al círculo milagroso de la Eternidad?

Dicen que Plotino se hizo filósofo después de vagar por muchos años y, quizás, de haber leído a San Agustín... ¿quién sabe? Homero, que hoy anda escondido en el País de los Inmortales, sabrá quizá, la respuesta más verdadera de la Caída de los Atlantes. Mientras tanto nosotros, los Mortales, vagamos en la inmensa estepa amarilla del desierto de la ficción y no encontramos un segundo de calma para relajar nuestros músculos y nuestras extremidades, tan llenas de presión, en el vulgar presente de lo cotidiano.

¿En dónde queda, pues, ese dios benéfico, milagroso, conductor de Almas, que antes nos guiaba y nos consumaba dándonos en Gracia, la suerte de ser parte del Fermento Divino y sangre de la Sangre Divina? Al dios Baco le hablo, el hacedor del Vino, del Fermento Sagrado, de la Uva Universal en la Simpleza misma que rige la Tranquilidad del Universo Redondo y Perfecto.

¡Ay, mi querido Baco, si sabrán ellos, los impíos, la buena fortuna de quien te bebe! ¡Sabrán ellos, los bárbaros con los que hoy convivo en el desierto cruel, que es tu sangre, elemento fortuito y sagrado que nos lleva a la misma iluminación de la Simpleza más simple de todas las Simplezas! ¡Dios!

La fortuna del Amor imperecedero, de la Eternidad eterna en el ciclo cósmico de las Fuerzas Intrínsecas del Universo. El Amor Universal, generadora de la Sustancia Prima, del instante primero de nuestra Creación. Círculo perfecto, la más simple Forma, en donde el tiempo se vuelve ciclo y, como dijo Pascal: "El Universo es una Esfera infinita cuyo centro está en todas partes y la Circunferencia en Ninguna". Las comillas y las mayúsculas, son mías. 

Con ello pues, Baco, dios elevado a Sustancia, Sustancia elevada a Categoría, Categoría elevada a Realidad, Realidad elevada a Eternidad: ilumina las vulgares miradas de nosotros, los fracasados mortales que no supimos ver, en el Crimen de Prometeo, la desventura del origen de nuestros males. ¿Será que Zeus todavía no nos ha perdonado y nos sigue enviando, desde la Caja de Pandora, todos los pesares del mundo?

Hoy tuve un instante de tranquilidad. Fue tan simple que me hizo comprender, aunque con cierta altanería de mi parte, la infinitud de la simpleza. Lo sentí después de haber leído a Borges, autor que no paro de leer y releer. Es él, mentor de mis palabras, quizá. Es él, autor de mis palabras... ¿muy exagerado de mi parte? Yo creo que él se reiría, sin dudas, pero no lo negaría. 

El tiempo, su más pesado problema. Hoy me sentí infinito. Hoy me sentí alagado. Hoy me sentí tranquilo. 
Baco... Ayer te prometí dedicarte unas palabras y helas aquí, dios alado y redentor de nosotros, las almas desventuradas. 

Al infinito de la Simpleza: ¡A eso voy, gracias mí querido Mentor!

Amadeus, 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Receta de la Felicidad

La Canción de los Buenos Borrachos (Pulse Aquí)



Bueno, claro: la receta es bien simple si se tiene los ingredientes. ¿Cómo escribir una receta que contenga las claves de la felicidad? Intentemos, de a poco, tratar de encontrarla juntos. De esa forma, quizás podamos hacer de nuestra experiencia un deleite transmisible para las generaciones postreras que sé muy bien, están allí, a la espera de una clave para resolver los misterios del universo. 

Paso número uno: Una buena cerveza. 

El alcohol resulta elemental a la hora de contrariar a las adversidades de la cotidianeidad. No voy a explayarme en eso de los dioses griegos tan admirados por mí y tantísimas otras personas muchísimo más importantes que este mediocre escritor. La cerveza no sólo relaja a nivel muscular, si no que a su vez, es buena para bajar un poco los cambios del acelere diario que de a ratos nos da en este mundo hostil siempre en búsqueda de problemas. "Somos máquinas generadoras de problemas", me dijeron el otro día en una experiencia de vida.

Si la cerveza no está a la orden del día cosa que en países del medio oriente puede ser bastante común y para nada extraño, se puede hacer uso de las facultades de las uva. Quizás el proceso de la trasmutación del agua en vino sea un poco más complejo y haga falta la Mano de la Divinidad. No obstante, y para los obstinados de la realidad bruta y sin codificar, el vino es de por sí un fermento sagrado que le dio en rigor, el honor de ser parte de los dioses del Olimpo y, así mismo, conductor de las almas. 

Por último,  en caso de que las dos primeras elecciones no se encuentren disponibles por lo insensible de las Almas, siempre se puede hacer uso de algún elixir druídico como lo es el Whisky o ya sabrán ustedes qué otra cosa.

Paso número dos: Música. 

Aquí es muy importante resaltar que el arte de las Musas puestas en práctica en ese formato de notación musical tan bien descripto por Pitágoras, que no sólo se debe oir (ya que están aquellos que sostienen que las sociedades antiguas eran Ex-Audit, mientras que las modernas son Ex-Visu) si no que también resulta de elemental necesidad, poder hacer música. Para ello, aconsejo cualquier instrumento de cuerdas. Los hay de muchísimas categorías y, siempre que estos resulten un poco difícil de arrancar, siempre se puede pasar a los vientos que ofrecen de forma melódica (y ya no armónica) una forma un poco más sintética pero igual de compleja que su heramana, las cuerdas. Los ritmos pueden ser muy llamativos... Pero les aseguro que tener en vista los complejos tintes que puede dar un FA sostenido mayor, son realmente únicos en su especie. 

En lo que refiere a la del melómano, siempre se puede emprender un viaje místico por los diferentes autores e intérpretes que a lo largo de los siglos de historias nos han deleitado con tanto furor y tan maña astucia. Es importante resaltar que son ellos mismos co-autores de los órdenes universales que rigen la Paz del Universo en esa perfecta armonía Plotiniana.

Quiero aclarar, como última parte de este sub-segmento, que la música es muy linda para acompañarla con alcohol. De hecho, si existiera entre mis lectores (que se cuentan con una mano, pero que me quiten lo bailao') algún poeta, sería muy bueno que escribiese alguna cosa que hable de este magnífico amorío entre ambos elementos.

Paso número tres: El Amor. 

Este magnífico sentimiento, no sólo nos llena de bien y buen olor a todo lo que le rodea, si no que, por encima de todas las cosas: nos permite luchar contra todas esas cosas que tanto tememos y que tantas dudas nos causan. 

Cuando nos sentimos tan fatigados de la vida, tan abrumados y tan absolutamente solos como puede ocurrir si vivís en el Medio Oriente (región de los desolados), éste sentimiento resulta elemental a la hora de combatir todas esas emociones tan adversas y negativas que pueden generarte los montones de arena que rodean las ventanas o los vastos edificios plateados que a la luz del sol se convierten en una especie de monstruo impersonal y vengativo, dándote la sensación de encierro.

A su vez, el Amor, se lo puede asociar, muy rápidamente, con el buen humor que por lo general, genera ecos positivos entre aquellos que lo comparten. El humor es un elemento fundamental que sólo puede surgir cuando se comparte con alguien. "Ya no los llamo mis siervos, sino más bien, mis amigos" dijo el Salvador a horas de ser entregado en el Huerto que hacen llamar de los Olivos. 

Ya verán, compatriotas y exorbitados lectores, que cuando uno tiene Amor en las venas, el mundo de repente, se vuelve en una magia que circunda e inunda las Almas de aquellos que están entre nosotros. Y por eso que Amar nos hace tan bien. ¿O acaso no han notado, curiosos lectores, los beneficios que nos traen esos chicos, bebes, tan llenos de amor y de energía que con una sonrisa nos dulcifican hasta lo más profundo? Pues bien, ese es el Amor del cual estoy hablando, tan alejado del beneficio personal, y tan libre pensante que se vuelve diáfano y simple. Es como el viento que cruza entre nuestros dedos. Así de inaprensible es el verdadero Amor.

Para practicarlo, cosa difícil, sugiero que empecemos con Amar a todo lo que nos rodea. Sentir esa energía tan adentro que nada, pero nada, nos haga sentir lo contrario. Querer a los nuestros, a los otros. Practicar con los padres y hermanos. Amar muy profundamente a los amigos. Amar hasta lo más hondo, al planeta, a las plantas y los árboles. Amar hasta desgarrarnos a nuestras parejas. Amar hasta la muerte a nuestros hijos. 

Cordialmente, 

Amadeus, 

martes, 21 de agosto de 2012

Sinfonía de la desesperación

Kyrie Eleison.


Suenan esos acordes estruendosos del Requiem de Mozart, hoy un día después de haber puesto fin (de manera casi irreversible) a lo que considero mi primer "libro". Es muy osado hablar de ello. Sería una pena decir semejante pompa, más cuando las notas tridentes de un Requiem me hacen pensar en todo aquello contra lo que luché a la hora de escribirlo.

Creo que lo escribí sobre el mismo material con el que lo empecé hace unos cuantos años ya. Necesitaba cerrarlo, y no me han de creer, escribirlo y corregirlo fue un proceso largo, duro y nervioso. Mientras releía algunos de los textos escritos, podía sentir esa misma angustia, ese mismo odio, esa misma desesperación que tanto sentí en aquel tiempo. Y hoy, sin embargo, me siento tan poco angustiado, más libre. Dispuesto hacer de mi todo algo más coherente. Sé que quizás esta no sea la forma más armónica de la coherencia. No obstante, me veo en la obligación de afirmar que este post es hoy, motivo de alegría. 

Escribir te lleva a estados y, para recurrir a ellos, el escritor, tiene que ceder a mucho de su personalidad. Tiene que ponerse en papel, como el actor, como el músico que, a la hora de interpretar su obra, hace muecas, gestos, grita, desespera, todo y más, para darle al espectador la fascinación de las palabras... o del momento.

Yo me puse en papel, me puse en rol y haberlo dejado a Fausto que haga de las suyas conmigo por tanto tiempo, fue un proceso doloroso. No voy a hablar como quien tiene un nieto y ve el tiempo como a un hermano lejano que hace años vive separado de la familia. No, sería hipócrita de mi parte. Pero sí he de admitir que hoy me levanté con un peso menos en la consciencia. Creo que se debe a la  imposibilidad, o tara, mental que uno se pone a la hora de emprender semejante empresa. Todos esos "por qué", todos esos miedos. 

Yo ya no estoy para algunas cosas. Mis motivos pueden ser un poco más claro o, por el contrario, más difusos... pero aún así, adentro mío, lo que quiero se me presenta más diáfano y mi futuro es hoy, más mío que nunca. Un primer paso, para cualquier acción en la vida, es enfrentar con lucha armada, esas cadenas opresivas del "no puedo". Otro, ser paciente. Siento que dejé ir un pedazo de mí que, hacía tiempo, estaba ahí... atado un poco a mí, tirándome despacito hacia el borde de lo inagotable. 

¿Sinfonía de la desesperación? ¿Tendré que admitir lo que adentro me avergüenza? ¿He de decir que me llevé a los límites más absurdos de la desesperación para poder terminar lo que necesitaba terminar? ¿Tendré que confesar que hice cosas atroces y hasta nefastas? Quizás sea necesario... Por lo menos que quede aquí el registro, si no para los otros, por lo menos para los míos que vivir es una acción consecutiva en donde todo lo que una vez decimos o deseamos de nosotros, nos persigue como el Cuervo de Poe, hasta nuestros últimos días. O bien terminas lo que empezas o, pronto, decidite a morir en el intento porque si no, el sentimiento de lo mediocre te acompañará como una niebla oscura por el abismo de los días que separan el hoy, del último respiro. 

Me acuerdo cuando era más chico y leía a Fausto... Fausto, Werther, Fausto, Werther, Fausto, Werther... Goethe, ¡él fue quien me inspiró desde lo más profundo! Él y ese desgaste constante de lo absurdo, de vivir el sentimiento de la forma más plena, quizás, hasta agotar toda posibilidad de la lógica... No por el hecho de querer demostrar ser el mismo, un poeta... no. Sus intenciones eran las de probar el Temple del hombre.... ¿Hasta qué punto estamos dispuesto a seguir por nuestras ideas, nuestras metas, nuestros deseos? 

Y me acuerdo también, de Don Miguel de Unamuno y su Nivola: "Agusto se levantó una mañana dispuesto a pasar un día a gusto." Él, en su forma, con su Agusto, con su Nivola, probó los límites del hombre. Quizás en una forma más latina que anglosajona, pero forma al fin. Fueron ellos quienes me inspiraron, desde lo más profundo, a Amar profundamente, hasta el borde de la locura, actuar, de la forma más apasionada y jugar al artista hasta sus últimas consecuencias. Me acuerdo un día, sentado en una plaza, ahí por donde yo vivía cuando vivía, pensando: "el día que yo cumpla edad suficiente, voy a tener historias para contar".

Me llevó mucho tiempo escribir alguna cosa que me resultara digna de querer publicar. No sé bien cuál es el destino de lo que escribo pero se me da por pensar que el futuro, aunque no brillante al menos puede ser futuro ¿Y no es ello suficiente para seguir intentando o mejor aún, seguir escribiendo? Sí. Lo es. 

Tengo nuevas metas ahora, sobre todo con mi pasión primera: escribir. Tengo nuevas metas con todo lo que tengo para esta vida. ¿Y la desesperación? ¿De dónde nos viene? ¿Dónde queda?

La desesperación fue la suerte de ser adolescente. La suerte haber amado profundamente. La suerte de haber dado lo mejor de mí y lo peor de mí: todo por el simple hecho de querer experimentar... ¿Qué me queda ahora? Ahora me queda lo otro, lo mejor: volver a planear, volver a escribir, volver a descubrir. 

Amadeus, 

PD: Adiós mi querido Fausto. 

lunes, 20 de agosto de 2012

El ridículo de vuelta





¿Qué te convierte en escritor? ¿Qué hace de tu vida una acción? Tenemos tantos nombres para llamarnos y gritarnos, tantas voces para escondernos y, de repente, lo que uno quizás quiere es el más mínimo de todos los silencios. Como los que haces en la música. Los silencios propios de quien no tiene nada para decir por el momento porque hablar, supone muchísimo.

Pero somos trenes descarrilados, yendo rumbo al fracaso: empezamos el partido perdiendo. Y hoy quiero escribir, mientras intento terminar mi boceto de libro que, espero, me lleve a un nuevo horizonte, en un nuevo continente, en una nueva ciudad. Estoy un poco harto de la parálisis que produce la arena en el desierto, creo que los edificios son muy altos acá y están tapándome todo el sol. Yo quiero sol.

Espero que no vengan las voces tridentes del "te lo dije" o que nadie confunda la aversión con el deseo. Si, esas inconstantes ganas de tener razón, me da un poco de nostalgia pero...¡cuánta pesadumbre también!

Me hace acordar a cuando escribía antes, ¡y si quiero acordarme e intento hacerlo, me es imposible! ¿Qué será de las letras que se nos esconden tanto? ¿Qué será de la Paz que nos duele siempre? Me encontré diciendo en mi último e-mail (intento fútil de hacer algo de sentido con mi vida) "el mundo es una jaula". Me dolió encontrarme con una realidad tan lastimosamente aceptada, y yo peleando por ideas nefastas que incluyen: La Paz, el Amor y la Solidaridad.

Leo las noticias del mundo, las que verdaderamente duelen y me siento un privilegiado pero cuando pienso en los socorros que este mundo necesita y me veo en las redes disconformes de la Comodidad me siento un mentiroso, un vil manipulador.

¿La mentira? ¿Es lo mismo que los gustos? ¿Qué es mentir? ¡Arriba esas manos burlonas que andan gritando ecos de querer estar solos! Arriba esas garras idiotas del: 'haber cómo llamo la atención'. Vamos al grano, vamos al universo. ¡Ahora estamos en Marte! ¿O era martes? ¡Ah, veo a un Amadeus que viene corriendo y está decidido a golpearse la cabeza contra la pared! ¡Sé lo que va a doler!

Uf... bueno, bueno, bueno, bueno... bueno, el tambor hace tum tum, tum tum, parece un corazón que explota en la las latas de cerveza que se cuentan al costado de un monitor manchado pero tan lleno de cariño. Los recuerdos de ayer son: alcohol, alcohol, alcohol. ¿Esa estúpida manía de beber? Puede ser, a falta de otras cosas. Me imaginé corriendo hasta el más oscuro y nítido de los Vacíos: "El Vacío en sí mismo, es forma" dicen los Sabios Zen, ¿qué es Zen? Me preguntaron en mi último viaje. 

Sienta bien leer, aclarar, correr y distraerse. Sienta bien hacer el mal cuando el mal es el bien que hace falta para que todo se re-establezca. Quizás la Piedad Cristiana, tiene su centro en ése universo. A mí me gusta creer mucho la fascinación de Plotino, contemplando al Bien como un alejamiento del Mal. Pero estamos muy lleno de mentiras como para creer hoy en algo. ¡Yo quiero creer en mis alpargatas y mi mochilita casera que hace la suerte de cajón de idioteces!

Leímos a Borges y algunos tuvieron la mala suerte de leerme a mí. Lean más Borges, léanme menos a mí. Nunca tuve tanto para decir y, sin embargo, el "Yo" conmigo,  es permanente. "Mis cuentos, no tienen personajes" osó decir... claro, porque todo es "Yo". A mí me gustaba la idea de ser nosotros y puede que por eso me perdí. ¿Me perdí? A mí gusta la idea del plural. Siempre extraño a mis amigos, siempre extraño a mi familia, siempre extraño a los míos. Y, cuando estoy de viaje y el tambor suena bum bum, bum bum, pienso en mis guitarras que solas esperan hasta que yo vuelva para volver a desafinar entre sonidos burlones y los recuerdos de una risa. 

Hoy es feriado en la Argentina, y las almas se juntan a hacer descabelladas comilonas... Me acuerdo de los míos, me acuerdo de mi familia y me acuerdo de mis amigos. Los llevo siempre, a todos, tan permanentemente presentes que me es difícil no verlos con mis ojos abiertos. "Me fui 26 días a mi casa, no podía soportar quedarme en el desierto y, cuando estaba pidiéndome las vacaciones, estaba muy triste", ¿Cómo? Respondí: ¿Y con los otros meses que te quedan del año, qué tenés pensado hacer? Ahí es cuando te das cuenta de las diferencias irreductibles del absurdo:

El absurdo: Vuelvo a poner los dos puntos pero quiero empezar escribiendo en mayúsculas. La libertad es aquello que nos moviliza a amar sin necesidad de poner un freno. Yo, en el desierto (vuelvo con la partícula Y-O ,construcción armoniosa como la de los átomos que forman moléculas), tengo restricciones morales, esquivas, personales y emocionales, ¿puedo amar libremente? 

Qué será de todo eso que todavía no sé, ¡de esos excitantes lugares del Mundo que, al parecer, a otros llaman! ¿Qué será de la palangana cultural que hace el ridículo en los cinco continentes? Mis metas se reducen a deseos, y los deseos se tornan desesperantes. El año pasado no tenía expectativas con mi vida, pero este año, volvieron todas juntas. El tiempo se hace años, el año se hace pesado. Este iba a ser un gran año, lo dijo mi Astróloga China, la que escribe libros todos los años y canta en todas las lenguas. Ella siempre habla de las liebres esto, la liebres esto otro. 

Dejemos de dejar. Acordémonos de empezar. ¿Volvamos a intentar? No sé nada de todo eso, hoy no sé nada de nada. Sólo sé que Radiohead parece una buena opción para pasar el momento y descargar la plaga que supone escribir y el ridículo de vuelta... el ridículo de vuelta... el ridículo de vuelta... el ridículo de vuelta... el ridículo de vuelta... el ridículo de vuelta... el ridículo de vuelta... el ridículo de vuelta...

Hoy quiero tomar café, mirando a mis perros correr al lado mío mientras la guitarra está apoyada en el pasto, cerca de mi silla verde. La que siempre usaba para mirar el aterdecer.

Amadeus, 

lunes, 23 de julio de 2012

Dejarlo todo y volver a andar


Horas de la tarde (pulse aquí)


Con aire de canción, me siento a escribir. Un poco de penas, quizás... el recuerdo de ser nostálgico, me atrapó. ¡Ah, me acuerdo de cuando escribía poesía a cada rato! O cuando me sentaba, en esas tardecitas tan mías, con mi banquito verde en el medio del jardín de mi casa. Me gustaba porque ahí, entre medio de la copa de dos de los árboles más altos que tengo en casa, se podía ver la puesta del sol.

El atardecer, en ese banquito verde, hecho de madera, viejo ya, muy viejo y medio podrido, era de lo más lindo. Los colores de la tarde a mí, siempre me han fascinado. Para mí la gente no se da cuenta de lo linda que es la tarde. Los tonos naranja, rojizo y azul, mezclados con el verde y el marrón de la naturaleza... si empiezo a recordar ahora mismo, siento las lágrimas bajando por mis mejillas.

Uno va creciendo y, cuando lo hace, se olvida de todas esas cosas que a uno lo hacen ser un chico, lleno de magia, feliz y contento. Claro, madurar dicen, es parte de la vida. Me acuerdo cuando era chico y jugaba entre las hojas del otoño, mi estación preferida y con los árboles. El árbol era un barco y las hojas del otoño, eran mis peces que yo pescaba para comer. ¡En ése entonces, estaba recorriendo el mundo! Mi sueño.

Siempre me gustó la de los Piratas que viajan a tierras vírgenes a conocer y enfrentar lo desconocido. Siempre me gustó ése espíritu aventurero y se me da por creer que, de haber sido yo, uno de esos intrépidos de antaño, hubiera salido también en mi barco a recorrer las nuevas costas, el nuevo mundo.

Ese fui yo. Siempre pensando en el pasado. Siempre pensando en qué época fue mejor y maldiciendo a la Modernidad por haberme encerrado en estas calles, en este mundo, en este cielo nuevo. De repente, uno empieza a leer a Borges. Lee a los viejos poetas, lee a los nuevos y ya no encuentra diferencia. Pero uno lee a Borges y , el recuerdo, la eternidad y el tiempo se convierte en un problema resuelto. Porque sé muy bien que él estaba obsesionado con los mismos temas que yo y mucho más aún: el estaba obsesionado con el tiempo.

Ya no se me da por pensar tanto en qué época debería haber vivido y, sin embargo, me atajo a aquellas cosas que alguna vez me hicieron ser chico y feliz: sobre todo, en los colores de la tarde, en otoño. ¿Será por eso que cada vez que viajo a alguna nueva ciudad, me enriedo hasta que se hace de noche, por las callecitas de cada una de mis nuevas ciudades?

El mundo se me achicó tanto ahora, el presente, me es un día aquí, dos días allá, tres en la vuelta y un poco de horas en este aeropuerto. Es un lindo trabajo, no les voy a mentir. Pero de repente, uno se convierte en chico de vuelta y todos esos sueños vuelven a ser juegos. Y el juego, según dijo Cortázar, es lo más importante para el hombre. El ocio fue siempre el motor de la creatividad y después, de la actividad. Eso lo digo yo... y quién quiera.

Hoy miro por mi ventana. Me siento un poco más refinado que antes. Ahora tomo whiskys de mejor calidad y vinos un poco más elaborados. Y cuando tomo el té, lo hago con galletitas danesas que son mis preferidas. Y, sin embargo, la realidad me sale por los poros y el deseo ardiente de conseguir un poco de estabilidad emocional, aflora a piel viva.

El pasado, ya no me atormenta. Sin embargo, contrario a lo que algunos creen, la ley de los opuestos volvió a atacar y se me dio por pensar en el futuro. Ya no quiero pensar tanto en eso. Y como dice una canción que escribí hoy, dejarlo todo y volver a andar.

Andar, andar, andar. Dejarlo todo y volver a andar. Hacia el infinito, hacia lo desconocido. No más pruebas al tiempo.  Me gusta estar en donde estoy ahora, me refiero al tiempo. Detesto Dubái. Y cada vez que se me dio de ir a uno de esos lugarcitos europeos tan lindos, tan íntimos, tan llenos de historia, mi corazón explotó de emoción. Ahora, estoy buscando un nuevo rinconcito en el mundo. Estoy componiendo mucho y me gusta hacerlo. Trato de no sentir odio. No. Quiero sentir el amor, salir por mis poros. Canto con un poco más de aliento, eso me gusta.

¿Es el futuro de lo incierto lo que me motiva o es aquello lo que acusa mis horas de ser sonámbulas? Quizás, las palabras, o el recuerdo de las palabras o las acciones hechas palabras.... no, no... quizás sólo sea dar un salto de fe. Yo siempre fui impulsivo. Necesité un poco de pared para poder frenar. Me di golpes duros. Ya sé cómo frenar, de a poco, mis impulsos. Sin embargo, voy a hacer caso mi instinto y arriesgar el todo por el todo porque de corazón sé que de acá a un año, mi situación va a cambiar. Yo no voy a hacer el mismo, no voy a querer lo mismo, no voy a buscar lo mismo pero, aún así con el todo del todo, las tardes van a seguir siendo mis momentos preferidos del día y cuando vea esa tarde roja, naranja, con azul y la mezcla de verde con el marrón de la naturaleza, sé que voy a ser feliz una vez más. Como quizás lo soy ahora o lo fui hace un rato. Como quizás se me da por estarlo mañana o el día que viene cuando vuelva a salir de Dubái para un nuevo destino, un nuevo lugar.

Una nueva oportunidad para dejarlo todo y volver a andar. Como ese día en Córdoba, cuando con mis alpargatas ya gastadas, decidí dejarlo todo y volver a andar. Esta vez, sin meter a nadie en el medio.

Amadeus,