jueves, 19 de julio de 2012
Ah, te vi entre las luces.
Ah, te vi entre las luces
Hoy me siento a escribir, para contar un poco por dónde viene la mano ya que son muchos los comentarios, pocas las ganas y demasiadas las horas. ¿Podríamos ir un poco más al grano? Me acuerdo cuando escribir era cuestión de hacer que las letreas se pelearan una contra las otras. Hoy, todo cobra un nuevo sentido. Un nuevo y perfecto sentido. ¿Vos me seguís leyendo? Creéme, estoy seguro que sí.
Sin embargo, acá estoy. Ayer quebré las reglas del juego. Si, ese patético control mental que intenta meterme de adentro ya no lo soporté más. Y al verde me fui para caminar sin cesar en Cophenagen. Sí, y mientras todos me creían fácil, yo me hice el difícil y en la más completa de las soledades, te fui a recorrer. Hoy, es la luz de mi vela y no de tu foquito de luz, luz tan artificial y desinteresada que a veces me alumbra cuando leo. Pero no, hoy es mi vela. Y escribo a la luz de mi vela. ¡Hoy quebré todas las reglas! Hoy no te tengo miedo, sistema maldito, devorador de sueños. Meticuloso, harapiento, harto molesto, siempre en búsqueda de la consumación del producto. ¡Si, sabés muy bien de lo que hablo! Asco me das.
Hoy ya no te tengo miedo. Y escribo esto a modo de triunfo porque mi alma está feliz y contenta. Mi guitarra está apoyada en mi cama y yo, estoy un paso más cerca de la libertad. Mis dedos se mueven de contentos a la hora de escribir esto, casi como si estuviera tocando el piano... si el piano con la música de la libertad. La música de la expresión libre y para nada sintética. ¡Ya no me asustas más! No. Hoy entendí cómo es que funciona todo... si.
Música, Musas, vengan, vengan, reúnanse todas juntas, acá, en frente mío que tengo algo que deciros: si, a todas las llamo en Honor al dios Baco que bien espera su vuelta a este insípido mundo. ¡Todas, todas, vengan, juntas! Riendo las veo, dando vueltas y vueltas... es tan emocionante que me hacen llorar. ¡Ay... son tan perfectas! Ahí están, siempre estuvieron ahí, en la sombra que proyecta la luz de mi vela ... No escondidas en la fanática luz artificial, esa inmunda que a veces me alumbra cuando leo. ¡Ahí las veo!
Ya no te tengo miedo, sistema mediocre, lleno de falsas ilusiones que esconden días y horas, que encierran sueños y metas, que aparta familias, que esconde personalidades que encierra a los amigos y deja libre al enemigo. No, no ya no te tengo miedo. ¿Acaso creías que iba a dejar consumirme adentro tuyo como un cigarrillo mal apagado al costado del cenicero de vidrio que entre las cenizas se consume y se consume hasta llegar al falso filtro de plástico? No, no. No llegaste a acabarme. ¡Ya te entendí, sistema absurdo y ahora no podés encerrarme! Ah, no. Claro que no.
Me voy a la tierra de la Libertad, bien adentro de mi alma... bien, bien adentro, en donde alumbra mi corazón, en donde la música se junta con las Musas que juntas vienen bailando... ahí están, las veo ahora mismo, con la sombra que proyecta la luz de mi vela. Si, todas están ahí, esperándome. En la sombra que proyecta la luz de mi vela, no bajo la falsa luz del foquito de la lámpara al costado de mi cama prestada, noooooooo, claro que no. ¡Ahí-las-veo-a-las-Musas! Todas juntas.
Harapientas quedaron mis esperanzas, harapientas claro... pero libres de ataduras. Hoy están libres, completamente. Porque a la sombra que proyecta la luz de mi vela, brillan aunque sea un poquito, pero brillan. Y ya no tengo miedo. No.
A la tierra de la libertad, ahí voy.
Amadeus,
sábado, 14 de julio de 2012
Que me quiten lo bailao.
Por qué canto así,
Vamos a lo más banal. Intentemos despojarnos, al menos hoy, de los buenos modales. Empecé leyendo a Tolstoi. ¿Saben lo que es eso? Un clan de correctos, adornados de bajezas que en realidad, buscaban escapar al irrefutable malestar que producía el penoso y nada bien considerado S XIX. Pasemos al S XX que alguien ya me dijo que "el mundo fue y será una porquería" para más adelante agregar "en el 510 y en el 2000 también". O sino, terminemos de una vez por todas con todas esas modalidades de Paz y Guerra e intentemos concentrarnos en lo que nos rodea. Estoy en el S XXI.
Estoy escuchando un disco de Thom Yorke, cantante de los Radiohead. Estuve leyendo la historia, hace poco, de esta gran banda. Algunos la considerarán más o menos adecuada, otros un poco más inapropiada y siempre estarán aquellos a los que nada les importe. Mi filosofía a la hora de hablar de música post Beatles es la de escuchar el Álbum y juzgar sobre el álbum. Algunas cosas son recontra destacables... pero el concepto de banda debería quedar resumido al de: te creo o no te creo. Hiciste buena música o pésima. Y ahí llegamos a los que puede llamarse veredicto. Porque si nos sentamos con los pantalones bien arremangados a juzgar sobre el estilo de la banda, entonces nos veremos metidos en un gran problema.
Pero dejemos la música y llevemos la atención, nuevamente, a lo más banal. Como bien dije arriba, en el primer párrafo. Hoy no me interesan los temas delicados de fantasmas y prosas. De mercados y poesías. De fierros y políticos que pocon hacen. No, no. Hoy estoy hablando de algo más humano. Más destacado que todas esas noticias que se publican para que la penosa audiencia sufra el desconsuelo de lo inevitable.
Los días que encerrado uno se pasa adentro de su cuarto. Metido con la cabeza en esto de lo que se tiene que hacer para que la vida sea lo que tenga que ser y no otra cosa. Claro, las preocupaciones del porvenir o el futuro mediato. Un whisky, dos whiskys, tres whiskys: listo. Nos fuimos directo al tango. Más tango: nos vamos a Julio Sosa. La Cumparsita:
Venía caminando por las calles mugrienta de Kuala Lumpur, ciudad capital, si no me equivoco, de ese país llamado Malasia. Y de repente, por acción de la magia o el elemento de la nostalgia (sumado a las copas de ocasión en perfecta soledad), este tango tan tremendo que marcó en mí el cambio de una época a otra, saltó en mi memoria y como el olor del perfume que acompaña cada movimiento del cuerpo, este tango, me acompañó en mi vuelta al hotel. (*Nota del autor: Tengo que confesar que perdí mi apartito con música. Cuando estoy solo, sobre todo caminando, me gusta musicalizar ese momento con la música que considero más pertinente para la ocasión. El haberlo perdido hizo que mi cabeza acompañara mis tristes pasos, automáticamente, con la música que consideró más conveniente y fue por ello que el tema "La Cumparsita" me vino en suerte).
Este Tango arranca como arrancan casi todos los tangos, con un tremendo dos x cuatro que el bandoneón resalta, mostrando la grandeza inmigrante que una vez estacionada en la Hermosa Buenos Aires (La ciudad europea de Latinoamérica), marcó los destinos musicales de una era, de una época. Ya desde el principio te advierte que será un tango triste, de los cómodos tangos penosos al estilo "Otario que andas penando". No es una milonga, no. Es el lamento al rojo vivo de un tanguero que quiere resaltar, desde el instante primero, que lo que él hará a continuación será, ni más ni menos, hablar del mismo Tango. Y así arranca: "Pido permiso señores, que este tango... este tango habla por mí".
Ya lo ven ustedes, el tango hablar por él. Qué mejor elemento para una canción que la canción hable por uno, ¿no les parece? Una vez más, vuelvo en mi memoria, a ese día de año nuevo con mi botella de Champagne, encerrado en mi cuarto poniendo Play al disco de Julio Sosa. El primer tema fue, por accidente del destino, este tema. El primer tango que me sentaba a escuchar, propiamente, como un tanguero. Con Champagne.
La nostalgia, la melancolía, la idea de lo que fue, lo que se perdió, lo que queda, lo que viene, lo que se encierra en el corazón, lo que esconde el corazón, lo que queda grabado en el alma para nunca más irse, lo que duele como hiel, lo que se perdió un día a la hora que la dormida se la llevó, lo que hacen las guitarras, lo que lastima el bandoneón, el ahogar las penas, el corazón lastimado por la percanta que se fue, el pido permiso señores y Mi Buenos Aires querido.... Tango. Tango y más Tango.
Ahí me di cuenta, me acordé de cuando mi meta era la de ser un tanguero cosa que creo yo soy a la perfección, de que el Tango ya cantó todo lo que había para cantar. La historia ya nos contó todo lo que tenía para contarnos. Ya no quedan historias nuevas, ni momentos nuevos en la humanidad. Agotamos esa posibilidad porque el hombre es egoísta. Ya, hasta las religiones están agotadas, so pena que le duela a los defensores de sectas.
Agotamos la proeza del hombre para encerrarla y empaquetarla en cuentos cortos que hoy se muestran por TV. Por eso a la gente le gusta tanto el presente aunque vivan del pasado. ¿Qué? ¿Qué cómo sé que a la gente le gusta el presente? Pues bien, muy fácil: miren un partido de football, miren las caras de los que están viendo el partido. Vayan a escuchar un tango a una tanguería. Vean a la gente comer un asado, un domingo al mediodía. Véanme a mí escuchando un disco de los Beatles.
Y me levanté. Me desperté de la cama pensando en esto y es por ello que ahora, 9.30 AM lo estoy escribiendo. Porque no me importa ni el futuro de lo que vendrá ni el pasado de lo que fue. Hoy le hago la guerra a esos tiempos y digo: vivo de esto, hoy. Mañana, me dedico a mis sueños. Sino, ¿qué sentido tiene la vida? Y termino con otro tango del Varón del Tango que dice:
"¿Qué querés que le haga hermano,
si nací pa' morir pobre.
Con un pucho entre los labios y un tango entreverao
juego, canto, bailo y río
y aunque no me quede un cobre...
Al llegar la última hora....
Que me quiten lo bailao".
sábado, 7 de julio de 2012
Con aires de escritor
Vivaldi - Invierno
A mí no me gusta dármelas de escritor. Pero no voy a mentir que a veces siento ese ardiente deseo de escribir sobre todo, con respecto a lo que me pasa cotidianamente. Quiero como infundir ese respeto que yo siento por las letras. Claro, ahora no leo tanto como antes. Tengo que admitir que este trabajo me cambió muchísimo. No tanto en mi forma de pensar, pero sí en mis hábitos. Porque antes, me hubiera levantado y directamente, después de haberme hecho un rico té o un buen mate, me hubiera sentado a leer y leer. Y después, sólo después, pensar en el día y sus pormenores. Claro, no quiero ser parte de esa frase de Borges: "Mucho he leído, más poco he vivido". Creo que me inclino más para el lado del: hagámoslo a medias.
Sin embargo, vivir en la ficción en la que estoy viviendo, en este encierro tan falto de aire, en este agobiante desierto de modas pasajeras y ficciones tan nefastas comos los credos ridículos que se creen estos, se me hace, cada vez, más difícil. ¡Ah! ¡Y acá saltan los justicieros para hablarme de la metafísica de mi vida y mi falta de seriedad a la hora de encarar proyectos! No, muchachos... dejemos los consejos de vida para después que hoy estoy bastante serio.
Me viene pasando seguido, cuando mi portuguesa se me va de viaje y yo me encuentro a las vísperas del "¿Qué voy a hacer?" que me pongo todo serio y no me dan ganas, si quiera, de abandonar mi cuarto... único rincón mío de esta ciudad. Único rincón de mi alma para por lo menos, ser libre dentro de lo desprolijo de la esclavitud en la que vivo. (Otra vez, a los defensores del trabajo les digo: no soy un desagradecido, todo lo contrario. Así que no empiecen).
Veo árboles y mi alma llora. Veo calles con veredas y mi corazón grita. Veo a los míos y mis ojos lloran. Pero te veo a vos, y veo que me entendiste. Te leo a vos y veo tu: "All you need is Love" y todo se me hace perfecto y claro. Con vos Dubái, deja de ser Dubái y pasa a ser todos mis sueños.
Pero otra vez el encierro. Otras vez, las pesadas horas de volar a otro continente bajo formas de trabajo que rozan lo inverosímil que nada de fausto tienen. ¿Qué remedio pues contra esta desidia, esta ardua tarea del ser... de estas agobiantes horas de calor? ¡El arte! Eso se me ocurre de entrada. Pienso en todos esos héroes.
El arte, único motor para revertir ese mal injusto que domina nuestras calles y que hoy se apodera de los nuestros, dándoles largas jornadas laborales, largos discursos electorales que al final nada cambian, sacándole esas horas de café bien merecidas para encerrarlos en canastos con poca ropa pero muchísimas ofertas de moda. Acá no vengo a hablar de política, sino a apretar las teclas con fuerza mordiéndome la lengua de la rabia que me da pensar que estoy en Dubái cuando bien merezco estar en otro lugar... y quizás, en otra cosa.
Hay días que me siento tan casando que me pregunto ¿será posible que el humano tenga que vivir así? ¿Y todo para qué? Para que al final del mes tengas un copioso sueldo que hacen de algunos, fieles admiradores y parte de las hordas de la compañía que, entre tés de buena calidad, llama a los ridículos a formar parte de sus filas bien entrenadas de soldados pendencieros.
Me siento vulgar al ver esas cosas. Y ataco. Claro que ataco, me pongo mi pantalón hippie y trato de demostrarle al mundo que de a poco vivo con nada. Ataco, dejo de tener medios celulares para que sepan que el contacto es de mí hacia ellos. Dejo de tener vida activa para que sepan que mi inactividad es el vehículo de lo personal y no del plural colectivo que infestado de ideas modernas ataca y ataca.
Hay cosas lindas en este mundo, lo sé. El mundo es un espacio heroico en donde el Amor es el verdadero vehículo, en donde el Amor es el único medio, en donde el Amor triunfa a la luz de algunos que entre luchas diarias pueden encontrar una verdadera razón para levantarse cada mañana.
Yo no quiero más esta vida artificial y me enrosco en el arte para buscarle un respiro a toda esa ficción y es por ello que me las doy de escritor. Y compongo canciones y me la doy de músico. Y escribo en mi blog y me la doy de intelectual. Y toco guitarra y me la doy de guerrero del Arco Iris y escucho a Vivaldi y me la doy de antiguo.
Sólo tengo una cosa que es cierta en Dubái y es a mi portuguesa que entre caricias y horas de sueño me hace pensar que todo tiene una razón en la vida o un buen espacio para acomodarse. Y los adagios de Vivaldi, ahora, se hacen más claros. Y las tensiones en la espalda empiezan a aflojar. Y el hambre que de a ratos me ataca, se me hace más relajado y puedo compartirlo con verduras. Sé cuál es el camino que voy a tomar. Y sé que en muchas decisiones, las vamos a tomar juntos. Ahora, me dedico a preparar el terreno. Nada de acciones desesperadas. Perdón por lo brusco de las palabras, pero así me siento cuando de repente, me siento preso.
Ya no quiero seguir escribiendo letras tibias de algo que no aguanto. Prefiero centrarme en todo lo que busco. En todo lo que espero. En todo lo que quiero. Pantalones y barbas... ¡a eso apunto! Al verde esperanza que me da la sensación de que hay vida. Al relato casual de una tarde mía y no inventada. A las horas del té, en los días que se toma té.
Al Dios de las Alturas, esperanza.
domingo, 24 de junio de 2012
Pienso sin parar
Para pensar
Me serví la última copa de mi último vino y un piano suena como Chopin. En el mientras tanto, un montón de cosas están desordenadas en mi cuarto. Veo mis dos guitarras colgadas en la cama, con el paquete de cuerdas nuevas que hoy cambié. Veo mi ropa sucia que está dispuesta para que se lave desde ayer... Veo que el piso se llena de pelos con rulos de mi música Portuguesa, más un montón de bolsas y basura que todavía tengo que sacar. Voy para la cocina y veo los platos sucios de la cena de anoche, en donde le cociné. Veo todas estas cosas y el piano que sigue sonando como Chopin y pienso... Pienso sin parar.
Porque Dubái es eso, sólo pensar. No creo que nadie más haga algo más que eso. Claro, estamos hablando de los que no son locales. Duermo, cuando llego de un vuelo, muchísimo, porque viajar realmente agota la energía de uno. Toco guitarra para concretar mi sueño de hacer algo con la música y mientras canto con emoción... pienso... pienso sin parar.
Voy al gimnasio, es bueno hacer deporte. Corro media hora. Después de eso, paso a elongar hasta estirarme lo más que pueda. Elongo y después, directo a las máquinas con barras. Levantar pesas, mirarse al espejo, tomar agua, volver a elongar, levantar más pesas. Terminar la actividad física, sintiéndose uno realmente fatigado y mientras hago la última serie con peso... pienso... pienso sin parar.
A veces me pregunto qué de todo lo que hago vale realmente la pena. ¿Vivir en Dubái, vale la pena? ¿Vivir la vida que vivo, vale la pena? Me preguntan si es cierto que los de Libra somos inestables. Yo no creo que sea inestable... me han acusado de bipolar una vez, pero tampoco lo creo. Sé que tengo el bicho de la nostalgia que, como le pasa al tango a veces sale a la luz pero, inestable, no creo.
Me preguntan si estoy mintiendo o me dicen que todavía no pueden confiar en mí, no del todo. Otros me acusan de cosas peores, pienso... pienso sin parar.
Dubái es el lugar más ficticio de todos los que estuve y me atrevo a decir que he estado en Las Vegas. Sin embargo, en la ciudad norteamericana, cualquiera puede pasar por rey o por bufón, mientras que acá, todos quieren ser Rey. Y pienso... pienso sin parar.
Tuve la oportunidad de ver a la lluvia, mojando la ciudad anglosajona de Melbourne, son los detalles paquetes que te da el trabajo. Detalles que no sé cuántos de los que están aquí realmente aprecian, pero ya no estoy en esos pormenores. Yo me contenté, pese al descontento colectivo por el día gélido y gris, con ver la lluvia, todo desde mi ventana. Mientras el agua mojaba las calles y la gente corría para no empaparse con el agua, cuando salía del tren. ¿Es esto una ciudad? ¿Es esto la vida?
Vivir es el miedo más grande de todos. Y, sin embargo, pienso, vivimos con tanto miedo que cuando nos toca la hora de no vivir, sentimos que no aprovechamos mucho todo este episodio en donde nos encontramos hoy, pero no mañana. Pienso... pienso sin parar.
Me acuerdo de Borges y su visión de la Eternidad. Para él, es una imagen estática cuya copia es el tiempo. Y las calles de aquel bajo que visitó cerca de Banfield, es el mismo, con el mismo aroma pero 50 años después. Y quizás, si yo voy a ese mismo barrio encontrado por el mero azar, según palabras del autor, quizá también me encuentre con ése mismo olor y esas casitas de portón bajo de las que él hablo. Mientras escribo todo esto y termino mi copa, dispuesto a irme a dormir entre nostalgias y una concretada actitud de "no pienso ordenar nada hoy".... pienso... pienso sin parar.
¿A dónde nos lleva la vida? ¿A dónde nos llevan los miedos? ¿A dónde vamos a terminar? ¿Qué estoy buscando? ¿Qué estamos buscando? Me siento feliz, si. Muy feliz, debería decir. Estoy con vos, vos conmigo. Y para mí, la energía es la única fiel de todas las razones. Lo demás, son invenciones de nuestro cerebro. Quiero tomarme un buen día de nada. Pero un buen día, en donde nadie me hable de aviones ni de viajes. En donde sólo estén las guitarras y la música y nadie, de toda la gente, pretenda hacer nada para llamarme la atención y mostrarme cuánta plata es que tienen.
Yo sé que el mundo es mucho más que esto. Y aunque suene pedante, tuve la oportunidad de ver una porcioncita de él, en muy poquito tiempo. Si hay algo que descubrí es que es un mundo gigante, lleno de gente compacta, de diferentes colores y alturas. Me acuerdo de todas las pavadas, todos los prejuicios, todas las ideas absurdas de cómo eran los lugares más alejados de mi bella Buenos Aires, como por ejemplo China y Australia. Me río al recordar lo que una vez creí. Las maravillas del mundo, esas que yo esperaba encontrar en Maestros que me guiaran hasta la Verdadera Luz, ya no existen. Y me atrevo a decir, a fuerza de ser sometido a Juicios morales, que nunca existieron. Y lo digo basándome en una de las frases que dice Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio cuando afirma que "... Nadie es profeta en su tierra". Quizás, con ese mismo principio, nadie es maestro en su tiempo. Sólo un conglomerado de admiradores que lo siguen a uno y todo el palabrerío de la idolatría... Pienso... pienso sin parar.
Y en días como hoy, en donde hice todo para no pensar, incluso pensé en ordenar la casa para no pensar, no puedo dejar de hacerlo. Porque lo único que veo por mi ventana, cuando vos ya no estás, es un pálido desierto que nada tiene que ver conmigo y al que intenté llenar con canciones de amor pero que en realidad, de nada sirve porque si el desierto no puede contener el agua y más bien, la rechaza, dudo mucho que pueda contener unas tontas palabras de un tipo con pelo corto que juega a hacerse el filósofo cuando toma vino.
Me contento con pensar en la simpleza. Mas me entero que no soy tan simple, soy un universo complicado de Mea Culpas. Aunque me emociona saber que, día tras día, las cosas se me hacen más fáciles y los besos me saben más lindos y las canciones mejores cantadas. Entiendo que todo es una linea ascendente hasta que por fin desciende. Me acuerdo de mis primeros días, antes de venirme, la felicidad y las ganas de migrar porque Bs As. mal que le pese a los porteños, es un club cerradísimo que nada tiene, lamentablemente, para compartir con el mundo. No por falta de calidad, no. Creo a mucha honra que el Porteño (o quizás el Argentino en general), es una persona con muchísimo para dar y también, con muchísimas cualidades. Pero está tan encerrado en el trópico sud americano que nada puede ver por fuera. Y entre el mate que se enfría y los alfajores que llenan los estómagos, nos perdemos de vista. ¡Quizás eso sea el tango, perderse pero afuera, en el mundo! Porque me acuerdo que a Cortázar y a Gardel, sin contar a Piazzolla, les pasó algo parecido... pienso... pienso sin parar.
No creo que esta ciudad tenga mucho más que darme. Aunque en realidad, ahora es cuestión de moverme con cautela y hacer que cada paso sea firme y no tan enclenque como mis pasos anteriores. Creo que, tarde o temprano, el problema del desierto con las palabras, se va a resolver. Y si he de ser un poco más sincero, creo que con vos, mucho de mis problemas quedarían resueltos en un futuro cercano. Sin embargo, es preciso que por ahora me concentre en concretar mi próximo movimiento para poder actuar con sencillez, mas con decisión. Y para ello, pienso, pienso y pienso sin parar.
sábado, 16 de junio de 2012
Ruido de consonantes
Todo suena y suena... Como el tango,
como la vida que, cuando llueve se sienta a esperar a que se haga de noche y
algún tecito de esos que tienen distintos sabores nos hagan eco y nos acompañen
en las horas del otoño. ¿Sabrá la gente que me acuerdo del otoño todos los
días?
¿Sabrá el Jazz que a veces, cuando me siento un poco intranquilo no hago
más que pensar en aquella Medianoche en París en donde todos salen a ver la
Luna y a tomar ese vino con olor a Montmatre que tanto nos gusta? ¿Qué sabe la
vida? ¿Qué sé yo?
Tomamos vino, nos levantamos y vamos de la mano. ¿Al bar? ¿Nuestro bar? Es
hora de cenar, y sale Buddha Bar con vos, conmigo, con todo Dubái que nos mira
de reojo. Y yo que cierro los ojos y pienso que soy feliz. Que veo las horas
escurrirse entre nosotros y soy feliz. ¿Por qué soy feliz? La simpleza me hace
feliz. Te veo simple, te veo tan tranquila. Te siento simple, te siento tan
tranquila. ¿Tengo que dar más explicaciones al espantoso bicho de la iniquidad
que azota día y noche las almas de Dubái? Ya te lo dije a vos, hoy al oído: con
vos, no me siento en Dubái. Me haces sentir que estoy en casa, a millones de
kilómetros de distancia de todos.
Me pierdo, me pierdo y me vuelvo a perder. Mientras un vino italiano me
recuerda que en realidad, la vida es un poco hacer ruido y otro poco vivir.
Hacemos ruidos juntos. Nos encontramos ahí en donde el fondo de la botella se
vuelve más dulce y el cielo se llena de estrellas. ¿Te acordás de las estrellas
que vimos en Río... o fueron nuestros ojos que se cruzaron y nada más?
Me pedís que escriba y querés aprender español. Bueno, puede que no haya
más que perdernos en las letras. O, tal vez, sea cuestión de conseguir una
linda balada y tocar al estilo Fado nuestras canciones. Las tuyas y mías porque
adentro sé que sabés cantar y que tu voz va a sonar como un sol en las tardes
de invierno.
Guitarra, música, poesía y letras. Con vos al lado, hasta el vino se queda
sin alcohol, porque nada entre nosotros dos nos quiere contaminar ni hacer mal.
Sino que, al contrario, sólo nos quiere ver juntos y ver qué tan bueno se pone
todo esto. ¡Escribir, escribir, escribir! Con la poesía en la mano, nadie nos
puede ganar.
Leo que hay personas que están haciendo novelas, yo los llamo ingenuos
aunque me alienta ver cierto júbilo en la juventud harta deseosa de conquistar
nuevas cabezas. ¡Yo quiero escribir novelas! Y hacerlas bilingües, por lo
menos, hasta que hablemos, en confianza, el mismo idioma.
Pero vamos a llegar a todo eso, no te preocupes. Yo lo sé. Yo lo sé... y el
tiempo se va a acomodar y estará de nuestro lado. En el mientras tanto, te dejo
descansar. No sea cosa que por alguna razón, ya te hayas aburrido de mí.
Buenos Aires se despierta y me espera ansiosa, calculo que tus besos al Obelisco
serán igual de bien recibidos que los míos para mi gente. ¡Yo sé que tus ojos
son los días que nos faltan pasar juntos! Y de eso, no tengo dudas.
Que las consonantes nos sigan haciendo ruidos... Que las vocales, ya nos
las aprendimos de memoria.
¡Café sin leche, ni azúcar!
Amadeus,
lunes, 11 de junio de 2012
En Honor a Baco,
Yo creo que es prolijo, a veces, escribir. No solamente porque nos ordena un poco la cabeza, sino porque además, es una buena acción para el mundo. Claro, saltarán los defensores de los momentos y me llamarán retrógrada... y lo bien qué harán.
Escribir se compone no sólo de palabras (cualquiera sea la Lengua elegida
para la redacción), no sólo de ideas (los antiguos hablan de símbolos), no sólo
de sintaxis (hoy se lo conoce como puntuación/ortografía) y no sólo de fonemas
(unidades mínimas de significado sonoro que al juntarla con otros fonemas crean
el símbolo gráfico de la Palabra, para más información al respecto consultar
autores que sepan del tema).
Sin embargo, si nos remontamos a los orígenes mismos del escribir, podemos descubrir
rápidamente que siempre se trató de un accidente no-casual de índole
Supra-Natura o Divina. Quizás, el accidente de la Gloria daba al Hombre
sensible de antaño, la capacidad de jugar entre las Musas y ser, él mismo, un
agente realizador de la Fortuna de los Dioses. Con el pasar de los años,
escribir se convirtió en Necesidad y hasta en Motor unificador. Desde la
Divina Grecia, hasta la ya terminada Civilización Occidental de fines del SXIX
que, en alegría y euforia por el amor a los pueblos, se escribían extensos
sonetos y hermosísimos relatos sobre el Origen del Amor y el Principio de los
Tiempos (aconsejo a Goethe, pero hay otros).
Hoy, en cambio, y aquí es en donde se puede ver que soy un retrógrada, la
palabra se manipula y se utiliza como si fuese un bien de compra y venta.
Algunos la llenan de idolatría, y esmero. Están esos autores latinoamericanos
que la han utilizado para componer reclamos sociales y emprender combates
contra sistemas, de sistemas que encierran otros sistemas en otros sistemas
(¡ah... S XVIII, lo único que hiciste fue crear palabras!).
Intento decir, de alguna forma u otra, porque la verdad es que a mí siempre
me invadió la simpleza y no soy un tipo preparado para hablar de esto que el
Hombre (como especie, obviemos los géneros), debería de volver a esa razón
primera, si no es con el contacto entre los Dioses (entiendo que no todos
podamos tener relaciones amistosas con Zeus), si quizás entre las Musas que
hace tiempo andan buscando en quién reposar y, sin embargo, no encuentran más que
espacios huecos y hoscos.
A mí me da por pensar, cuando tengo que estar pensando, que ya no somos
puros. El Bien, se me confunde todo el tiempo con el Placer y más allá de
aquellas antiguas contiendas griegas entre Bien/Bello Bien/Placentero, se me confunde
el Bien con el Deber. ¡Y todo termina siendo un Caos adentro mío! Se me ocurre
que Hesiodo, cuando habló de la Caja de Pandora (el principio de todos los
males), en realidad quiso universalizar el decadente y continuo error del
Ser/Homber que no es más que Penitencia por las culpas de sus actos impuros, o
tontos... si quieren que usemos una palabra de uso más vulgar y cómoda.
Hoy me siento un poco perdido en cuanto a todo esto de la Acción/Bien. Me
siento un poco perdido con respecto al por qué y el cuándo. Se me ocurrió pues,
volver a la Literatura. Quizás, adaptarme un poco a mi tiempo y empezar con Dostoievski,
puede que ése penoso S XIX en la Antigua Rusia Zarista, me dé las respuestas a
la incógnita después revelada por Cortázar... o, tal vez por Borges.
Si tienen ideas, por favor, díganmelas.
sábado, 9 de junio de 2012
Algo de Lennon,
A la música, hay que sentirla. No
basta con sentarse a componer una canción y creerse que eso es todo. O, como
algunos otros piensas ( y lo he visto en lo que la modernidad entiende por
"reality shows", tener una linda voz). Porque, en definitiva, una
linda voz, es una linda voz... la música tiene de eso que es mucho más. La
razón es bien simple, es la forma en la que se comunica el universo. El
lenguaje universal, es eso que cuando lo sentimos, nos vibra en la panza, nos
emociona en el alma y nos aclara la cabeza. Nos transmite lo que queremos
decir, antes de siquiera, saber qué queríamos decir. Pone en manifiesto
nuestras debilidades, engrandece el honor y la nobleza. ¡La música, es el
suspiro del Alma! ¡Es el verdadero Amor Universal!
Por éso es que yo siempre fui un poco crítico en la música y si bien, tuve
(y tengo) gustos diversos en lo que respecta a los artistas, siempre busqué o
intenté buscar, aquello que los hace originales. O por lo menos, creerles. Me
cuesta mucho creer en los artistas, con toda la parafernalia que anda dando
vueltas en el medio. Y a uno se le complica. Entran las dudas. Para mí no pasa
por si toca música clásica o contemporánea. Pasa por si le creo o no.
Creo, de hecho, mucho más en Paul McCartney que a Baremboin y lo digo so
pena de que algunos me critiquen y me llamen demonio. Pero así fui yo, siempre.
Y hoy, estoy con esa misma idea testaruda sobre cómo debería ser la música.
Llegué a un punto en donde la música de los otros ya no me convence. Me
convencen muy pocas cosas, pero lo que me convence, me transporta a otras
dimensiones. Creo que llegué a sensibilizarme a ese respecto. Puedo detectar
muy rápido a los músicos y, con esa velocidad, transportarme al mismo
estudio en donde se grabó o a esa callecita en donde al artista se le ocurrió
la canción.
¡Ay Música, lengua del Alma que a todos nos llega!
Estoy componiendo mucho, o mejor dicho, estoy componiendo. Ahora, con la
música, estoy un poco más suelto. Siento que los instrumentos me están enseñando
y ya no las personas. Antes, creía que la música te la enseñaban los maestros.
Sin dudas que ellos tienen un papel fundamental en el desempeño del músico y
sepan que no es este un espacio para criticar su importantísimo desempeño en la
evolución musical. Pero a lo que quiero llegar es que, el artista, según lo que
creo, debería llegar a ese punto en donde el mismo instrumento le explica cómo
quiere ser tocado. Todos los instrumentos tienen Alma, no es razón del hombre
negarla, más bien lo contrario, darle vida.
Cuando uno se encierra en esto de componer, todo es como una profunda
meditación. La cabeza se vuelve hueca, las palabras saltan de uno y las
canciones se cantan hasta cuando se está durmiendo. La vida se compone y
descompone, todo es en sí, un gran melodía. ¡Hasta el Universo tiene su tono y
su Frecuencia! Y me acuerdo de aquel Maestro que leí una vez que decía que la Antigüedad
era Ex Audit... es decir, por el oído. Quizás, para reformular a la vieja frase
de la historia, en vez de "Dame un punto fijo y te moveré la tierra"
habría que decir, "dame un tono exacto y haré que la tierra baile y se
mueva sola". Pero puede que sólo sean pavadas de las mías las que
digo.
A mí me gusta pensar que la Música compone, que las canciones entienden,
que la armonía reúne y que la melodía emociona. Y eso me está pasando en estos
días. Hoy me dedico a componer. Tengo miles de melodías adentro mío, o mejor
cientas.
Mi futuro es la próxima canción que ya estoy componiendo y variando de
tonos para ver cómo queda mejor. Me voy a la canción del Amor, me voy a la
tierra de la Música en donde los árboles todavía se mueven cuando escuchan las
canciones de Carnaval. Me voy a la tierra del Verde, en donde todo se compone
de melodías que suenan y suenan.
¡A la tierra del Amor y la Música!
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